Después de una experiencia que combinó el desafío de hacer cumbre en el Aconcagua, las inclemencias del tiempo, la falta de sueño y una competencia en altura, la atleta carlospacense Magui Nieto regresó a Carlos Paz y realizó un balance intenso y autocrítico de lo que fue una de las semanas más exigentes de su carrera.

Magui se consagró ganadora de la clasificación general femenina en los 70 kilómetros de la Aconcagua Ultra Trail, una de las pruebas más duras del calendario sudamericano de trail running, disputada en el imponente escenario del Parque Provincial Aconcagua.

El logro adquiere aún mayor dimensión si se tiene en cuenta que venía de afrontar el desafío “70 + 70”: un intento de ascenso non stop al cerro más alto de América y, al día siguiente, la competencia de 70 kilómetros.

Intento de cumbre sin margen y sin mulas

—¿Qué fue lo que más complicó la experiencia que no les permitió hacer cumbre en el Aconcagua?
—Lo que nos pasó fue que no tuvimos días de margen. Estuvimos diez días allá, pero los primeros no podíamos intentar nada porque no estábamos aclimatados. En montaña eso es clave: hay que esperar que el cuerpo se adapte a la altura.

—¿Y cuando estuvieron listos?
—Justo esa semana que ya estábamos en condiciones hubo viento todos los días. La única ventanita de buen clima era el día que intentamos hacer cumbre. El pronóstico del día anterior parecía bueno, pero ese mismo día cambió todo.

Magui también aportó un detalle no menor: eligieron no utilizar mulas para el traslado del equipo. “Decidimos no ir con mulas. Cargábamos todo nosotros mismos: la ropa, la comida, el equipo. Eso hace que el desgaste sea muchísimo mayor, pero era parte del desafío que nos propusimos”.

Esa decisión implicó más peso, más esfuerzo y mayor consumo energético en un contexto donde cada paso, a casi 7.000 metros, exige el doble.

36 horas en la montaña… y la largada a las 5 AM

—¿Cómo fue esa jornada previa a la carrera?
—Tremenda. Fueron 36 horas andando en la montaña sin dormir. Después salimos del parque, paramos en un hostel para descansar un poco y al otro día largamos la carrera a las cinco de la mañana.

—¿Eso implicó correr en desventaja?
—Totalmente. Llegamos con una carga física enorme. No es lo ideal, pero sabíamos que era la única oportunidad. No había margen para postergar nada.

La largada fue a las 5:00, con casi 400 corredores en todas sus distancias. No es una prueba masiva como otras más populares en lugares como San Martín de los Andes, donde la logística es más sencilla. En alta montaña todo es más complejo y los participantes suelen ser atletas especializados. “Es una carrera para gente preparada para este tipo de condiciones. Y tuvo su capítulo aparte, porque fue durísima”, remarcó.

Tras más de 12 horas de competencia, atravesando senderos técnicos, fuertes desniveles y el desgaste acumulado de los días anteriores, Magui cruzó la meta en medio de la emoción y el reconocimiento de corredores y público.

El triunfo la posiciona como una de las referentes del trail de montaña y vuelve a poner a Villa Carlos Paz en el mapa internacional de esta disciplina.

Lo que viene: enseñar y volver a intentarlo

—Después de toda esta experiencia, ¿qué sigue?
—Primero volver a mis alumnos. Los extraño mucho. Retomar mi trabajo y seguir sembrando esa semillita de animarse a proponerse metas, tanto en los más chicos como en los más grandes.

—¿Y en lo deportivo?
—Hay varios proyectos para el año. Y empezar a armar el proyecto de Aconcagua non stop para el año que viene.

El Aconcagua, con sus 6.960 metros de altura, exige planificación, preparación física y mental, y una logística minuciosa. Magui lo sabe. Esta vez el clima no permitió la cumbre, pero la experiencia dejó aprendizajes profundos.

Después de cargar su propio equipo, caminar 36 horas sin dormir y ganar una de las carreras más exigentes del país, la montaña volvió a marcarle una enseñanza: el margen es mínimo, pero la convicción puede ser enorme.