«Desde mi departamento miraba todos los días hacia ese lugar”. La frase, cargada de emoción y desconcierto, pertenece a Ernesto Ferreyra, hijo de Adrián José Ferreyra, uno de los 17 desaparecidos identificados recientemente en el excentro clandestino de detención La Perla.
En diálogo con Cadena 3, Ernesto relató cómo, después de vivir 25 años fuera de Argentina —18 de ellos en Alemania—, decidió regresar a Córdoba junto a su esposa y su hijo, sin imaginar que terminaría reencontrándose simbólicamente con la historia de su padre.
La noticia de la identificación de Adrián Ferreyra sacudió a toda la familia. Los restos fueron hallados en fosas clandestinas ubicadas en el sector conocido como “Loma del Torito”, en cercanías de La Perla, tras los trabajos realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
Pero para Ernesto hubo además un detalle imposible de explicar racionalmente.
Desde el departamento donde vive actualmente podía observar a la distancia el predio donde décadas atrás funcionó el mayor centro clandestino de detención del interior del país. Y, según contó, había un punto específico hacia donde su mirada se dirigía casi de manera inevitable.
“Entre dos palmeras había un sitio que yo siempre miraba. Soy una persona muy lógica, pero algo había ahí”, relató.
El regreso al país y una historia pendiente
Adrián José Ferreyra nació el 17 de diciembre de 1953 en Chilecito. En 1973 ingresó a estudiar Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba, donde conoció a María del Carmen Pietri. Ambos se casaron y esperaban un hijo cuando fueron secuestrados el 29 de marzo de 1976.
Ese mismo día, María del Carmen fue liberada. Adrián nunca volvió a aparecer. Pocos días después nació Ernesto, quien creció atravesado por la ausencia y el silencio de una historia imposible de cerrar.
Durante años evitó enfrentarse de lleno con ese dolor. Sin embargo, contó que hace seis años comenzó un proceso terapéutico que lo ayudó a mirar de otra manera su propia historia familiar.
“Mi terapeuta me hizo enfrentar un dolor que no había podido mirar durante tantos años”, explicó. Ese proceso coincidió con una necesidad cada vez más fuerte de volver a Córdoba. Finalmente tomó la decisión hace un año.
“Siento que él me trajo de vuelta”
Ernesto también recordó el momento en que visitó por primera vez La Perla. Fue después de cumplir 50 años. Al ingresar al predio sintió un quiebre emocional profundo. “Le dije a una de las personas que trabajaba ahí: ‘Vengo a cerrar puertas y abrir otras. Mi viejo está por acá’. Y me quebré”, recordó.
Semanas después recibió la confirmación oficial: los restos de su padre habían sido identificados.
Para Ernesto, todo lo ocurrido tiene una carga difícil de explicar. “Siento que él me trajo de vuelta al país”, aseguró.





