Anoche, la política de Estados Unidos volvió a quedar en estado de shock. Mientras se celebraba la tradicional cena de gala de corresponsales de la Casa Blanca en Washington, el expresidente Donald Trump volvió a ser el blanco de un ataque armado.
Un hombre identificado como Cole Allen, un californiano de 31 años, se mandó al Washington Hilton y empezó a los tiros.
En medio del pánico y los gritos de «¡Agáchense!», el Servicio Secreto reaccionó al toque y evacuó a Trump, que por suerte salió ileso.
Pero la cosa no fue gratis: un agente del Servicio Secreto se ligó un balazo, aunque el chaleco antibalas le salvó la vida.
#ULTIMAHORA. Momento en el que agentes del Servicio Secreto retiran al presidente Donald Trump (@POTUS) y a la primera dama Melania ante amenazas de atentado en el hotel donde se realizaba la Cena con Corresponsales. pic.twitter.com/Zol0Eu0lzg
— Jenaro Villamil (@jenarovillamil) April 26, 2026
A Allen lo terminaron reduciendo y deteniendo ahí mismo en el lugar.
Los otros ataques: una sombra que no lo deja en paz
Este es el tercer intento de asesinato que sufre Trump en apenas dos años, una cifra que no tiene nombre en la historia moderna del país.
El caos en el club de golf (15 de septiembre de 2024): Trump estaba jugando al golf en West Palm Beach, Florida, cuando los agentes divisaron a un hombre con un rifle escondido entre los arbustos.
Era Ryan Wesley Routh, de 58 años, que tenía todo un equipo armado con mira telescópica y hasta una cámara GoPro.
El Servicio Secreto le disparó antes de que él pudiera gatillar; el tipo huyó en auto pero lo terminaron cazando en la autopista poco después.
El balazo en la oreja en Pensilvania (13 de julio de 2024): Este fue el más sangriento y el que casi le cuesta la vida de verdad. En un mitin en Butler, un pibe de 20 años llamado Thomas Matthew Crooks se subió a un techo y le disparó con un rifle tipo AR-15.
Trump zafó porque la bala le rozó la oreja derecha, pero un asistente murió y otros dos quedaron graves. Lo más increíble es que la gente le avisó a la policía que había un sospechoso en el techo 86 segundos antes de los tiros, pero por fallas de comunicación y obstáculos visuales como árboles y la inclinación del techo, los francotiradores no lo bajaron a tiempo.
Estados Unidos hoy es una olla a presión y la seguridad de los líderes está más cuestionada que nunca.






