#PhoTortul 3948
“Danza con zorros”
Mirador que no mira/Camino de las 100 Curvas – #VCP
📷 Fernando Villa

Hay un punto en el camino plagado de curvas (alquien cantó cien) donde la vista se rinde… pero la vida aparece.

Sugerido ahora Con Inteligencia Barrial

El mirador que no mira (ese que muchos pasan de largo buscando el muro del dique San Roque) hoy decidió mostrar otra cosa: una coreografía baja, silenciosa, casi secreta.

Cinco… seis… ¿quién sabe cuántos son?!? zorritos, echados sobre el asfalto, como si el cemento fuera monte, como si el mundo hubiera hecho una pausa solo para ellos.
No huyen. No posan. Están.

Y eso me desarma.

Pero este escenario no siempre fue así.

Hubo un tiempo (no tan lejano) en que estos miradores se cerraron. Pandemia. Miedo. Control. Y aparecieron esos espantosos guardrails, esas barras de metal clavadas para espantar no al peligro… sino a los pibes que buscaban un poco de aire, un rato de libertad mirando la nada y jugando a ser jóvenes.

La pandemia se fue. Los jóvenes también.

Las barras quedaron.

Oxidadas, entre yuyales, como un mal recuerdo que nadie se tomó el trabajo de retirar. Ni la Política, ni el Ejército, ni la Provincia, ni el Municipio. Allí quedaron, para impedirnos mirar el lago artificial más antiguo de américa sur: el San Roque.

Y entonces, en ese descuido humano… avanzó otra presencia.

Porque mientras el monte serrano se achica (a golpes de loteo, fuego o desidia), los zorros aprendieron. Se volvieron citadinos, urbanos, periféricos. Se adaptaron. Se recuestan donde antes frenaban autos, donde antes había mates, risas, pastelitos, besos escondidos, algún ‘fasito’, algún ‘fernando’.

Danza con zorros, pensé.

Y no es metáfora.

Porque hay algo en esa quietud que se mueve. Sus miradas. Es algo, en esas miradas que no miran, pero que saben.

Algo en ese territorio compartido, donde por un rato no hay normas, ni cercos, ni excusas.

Solo ellos… y el tiempo estirado como cola gris. ¿Les viste la cola al viento alguna vez?
Uno levanta la cabeza. Otro bosteza. Aquel se rasca. Otro simplemente respira.

Y en ese gesto mínimo, la escena entera cobra sentido.

Y si en el cine Yolanda, el guapo era Kevin Costner danzando con lobos… acá la versión serrana tiene otro protagonista: el Fer Villa… que no danza… pero trota y ‘fotea’.

Pero entra en la escena con la misma épica doméstica, como si supiera que ese círculo de zorros no es casualidad… es invitación. No los asusta. Ellos no le temen. Hay algo en esa danza.

El mirador no mira… pero revela.

Y entre fierros viejos, monte herido y pasos humanos que todavía buscan su lugar… la vida insiste.

A danzar con Mama

Natura.

#FaunaSilvestre
#ZorrosCarlospazonzos
#CaminoDeLasCienCurvas