La ciudad de Córdoba se viste de fiesta este lunes 6 de julio. Con motivo de conmemorarse el 453° aniversario de su fundación, el Gobierno de la Provincia dispuso declarar este lunes como día no laborable para el personal de la administración pública provincial que desempeña sus funciones en la ciudad Capital.

La medida, que busca facilitar la participación ciudadana en los diversos eventos culturales y oficiales programados, responde a un pedido formal realizado por el municipio local ante el Poder Ejecutivo provincial.

Marco legal y alcance

La decisión fue instrumentada por el Ministerio de Gobierno a través de la Resolución N° 42, la cual se ampara en la Ley Provincial N° 6.326. Según lo establecido, el cese de actividades rige exclusivamente para las dependencias del sector público provincial ubicadas dentro del ejido urbano de la ciudad de Córdoba.

Asimismo, la resolución invita a las entidades autárquicas y a los organismos descentralizados de la provincia a adherir a la medida, permitiendo que diversas áreas de la gestión pública puedan sumarse a los festejos.

Es importante aclarar que la normativa no posee alcance general: la actividad en el sector privado continúa desarrollándose con normalidad, al igual que en las dependencias provinciales situadas en el interior de la provincia, donde la jornada laboral no sufre modificaciones.

Fundamentos de la medida

El texto oficial justifica esta suspensión laboral destacando el peso identitario que tiene la fecha para la comunidad cordobesa. La resolución hace especial énfasis en reconocer «la trascendencia histórica y cultural» de este aniversario para todos los habitantes de la capital, quienes hoy conmemoran el origen y el desarrollo histórico de la ciudad en una jornada de celebración institucional.

Un poco de historia

El 6 de julio, el andaluz Jerónimo Luis de Cabrera desobedeció las órdenes del virrey del Perú (quien exigía fundar más al norte) y estableció la ciudad a orillas del río Suquía. La bautizó Córdoba de la Nueva Andalucía en honor a la tierra natal de su familia.

Es así como el momento de la fundación de Córdoba estuvo marcado por un acto deliberado de rebeldía geopolítica que cambió el mapa de la región, pero que terminó costándole la vida a su propio fundador.

El ritual del 6 de julio de 1573

Al llegar a las márgenes del río Suquía, en un valle boscoso habitado por las comunidades aborígenes de los comechingones (en el sitio denominado Quizquizacate), Cabrera desplegó el protocolo legal de la Corona de Castilla:

La Picota: Clavó en el centro del terreno el «árbol de la justicia» o picota, un tronco que simbolizaba la toma de posesión territorial y la jurisdicción civil y militar de la Corona.

El Desafío: Desenvainó su espada y dio golpes a las ramas de los sauces del río, declarando de forma solemne la fundación.

Finalmente bautizó a la urbe como Córdoba de la Nueva Andalucía. Lo hizo como un cariñoso homenaje a la tierra natal de la familia de su esposa, doña Luisa Martel de los Ríos.

En esa misma jornada jurídica, el escribano labró el acta de fundación, se nombraron los primeros miembros del Cabildo y se repartieron las primeras manzanas céntricas (solares) entre el centenar de soldados que integraba la expedición.

El trágico desenlace

La audacia geopolítica de Cabrera selló su destino trágico. Un año después, en 1574, las autoridades virreinales enviaron a un nuevo gobernador, Gonzalo de Abreu y Figueroa, con la orden explícita de arrestarlo. Tras un juicio sumarísimo por insubordinación y traición, Jerónimo Luis de Cabrera fue despojado de sus bienes y ejecutado mediante la pena de garrote el 17 de agosto de 1574 en Santiago del Estero.