Se cumple el primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco. En Punilla, su recuerdo permanece intacto no solo por su legado global, sino por aquel septiembre de 2012, cuando el entonces Cardenal Jorge Bergoglio caminó por los pasillos de la Residencia Franciscana como «uno más», meses antes de cambiar la historia de la Iglesia.
La historia de la Iglesia Católica dio un vuelco en marzo de 2013, pero la verdadera esencia de quien sería el Papa Francisco se había manifestado con fuerza apenas seis meses antes, en el corazón del sur de Punilla.
En este mes de abril, al cumplirse un año de su muerte, la comunidad de San Antonio de Arredondo recuerda su último paso por Córdoba: una visita marcada por la austeridad extrema y la cercanía que luego conocería el mundo entero.
«No quiere molestar a nadie»: el viaje en ómnibus
Uno de los relatos más potentes de aquella visita de 2012 tiene que ver con su llegada. Jorge Bergoglio viajó desde Buenos Aires para participar del 38º Encuentro Nacional de Santuarios. Al llegar a la Terminal de Ómnibus de Córdoba, su secretario consultó qué línea de colectivo debía tomar el Cardenal para trasladarse hasta San Antonio de Arredondo.
Pese a los insistentes ofrecimientos de la curia cordobesa para trasladarlo en un auto particular, la respuesta fue tajante: «No, gracias. El Cardenal no quiere molestar a nadie». Bergoglio terminó llegando a la Residencia Franciscana en transporte público, una muestra de la coherencia que mantuvo durante todo su papado.
Mate, charlas y humildad en la Residencia Franciscana
Durante los días 26, 27 y 28 de septiembre de 2012, Bergoglio compartió tres jornadas completas con laicos y sacerdotes de todo el país. Quienes estuvieron allí —y cuyas fotos hoy son tesoros históricos— recuerdan que no pidió privilegios ni en el alojamiento ni en la comida.
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La piedad popular: Brindó una charla central sobre el encuentro con Jesucristo a través del pueblo.
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Cercanía: Compartió desayunos, almuerzos y largas ruedas de mate por los pasillos de la casa de retiros.
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Testimonios: Los empleados de la casa y jóvenes participantes coinciden en una descripción: «Una persona muy amable, cercana y siempre sonriente».
El legado de un «Papa del pueblo»
A un año de su fallecimiento, rescatar estos gestos en San Antonio de Arredondo permite entender que el estilo de Francisco no fue una construcción de marketing vaticano, sino una forma de vida. Aquel hombre que en 2012 disertaba en una carpa estructural y caminaba por la calle Walter Consalvi, terminó siendo el mismo que simplificó los ritos romanos y puso a los pobres en el centro de la agenda mundial.
Hoy, la Residencia Franciscana no es solo un lugar de ejercicios espirituales, sino un sitio de memoria histórica para los cordobeses, que pueden decir con orgullo que, poco antes de ser Francisco, Bergoglio fue uno más entre nosotros.







