Por Fernando Agüero. Las próximas elecciones en municipios y comunas de Córdoba, cualquiera sea la fecha de convocatoria decidida, serán una bisagra en el poder amasado durante décadas por intendentes y presidentes comunales atornillados al sillón del poder. Esto pasará a partir de la reforma introducida en 2016 de la ley Orgánica Municipal que limita a dos periodos consecutivos el mandato de intendentes y presidentes comunales.

La norma toma al actual periodo de gobierno como el primero por lo que los jefes de Gobierno que decidan presentarse por un nuevo periodo en 2019 y ganen en sus localidades, no podrán presentarse en los comicios de 2023.

En Punilla, salvo el caso de Carlos Paz y La Falda, cuyas Cartas Orgánicas ya estipulaban este límite, casi todos los que están en el gobierno pretenden repetir mandatos y se presentarán en 2019.

Con este viraje legal se presentan varias cuestiones a analizar: en primer lugar, la perpetuación en el poder le ofrece al que está al frente del Gobierno un sinnúmeros de artilugios para permanecer en él. Desde la cuestión económica hasta la potestad de convocar a los comicios y manejar los puestos de trabajo en los municipios que en muchas localidades son los principales empleadores: el intendente o presidente comunal es difícil de desbancar.

De cara al futuro, lo que se presenta en Punilla es digno de analizar bajo el mismo prisma de lo que por estos días pasa en Carlos Paz o en La Falda: tanto Esteban Avilés como Eduardo Arduh no pueden volver a presentarse pero quieren que su gente continúe en el gobierno y proponen sucesores para el cargo. Si bien se da una lógica similar en cuanto a la comodidad de una campaña desde el poder, sabido es que los votos no son trasladables de una persona a otra en tiempos en que la fuerza electoral de los partidos políticos de antaño le ha dado paso a otros modos de selección.

Más allá de los resultados de 2019, lo seguro es que dentro de cuatro años habrá una renovación de dirigentes y no sólo desde lo generacional. La ley obligará a dar un paso al costado a quienes cumplan sus 8 años de gestión y gente nueva vendrá.

En un escenario cambiante como el argentino, el principal desafío de los nuevos dirigentes es formarse para ofrecer un mejor servicio a los ciudadanos cuando les toque entrar en la cancha.