Cacho es vendedor de Pan Casero desde siempre. En el vado de San Antonio de Arredondo, casi todos los días arma su mesita y junto a su mujer y su hija pasan los días ofreciendo el producto más noble, recién salido del horno de leña de su casa, a pocas cuadras del lugar.

«Es mi único trabajo y con esto sobrevivo todo el año. Me levanto temprano, 4.30 o 5, para venir acá lo más temprano posible,» dice Cacho que heredó el oficio de su madre.

«Con esto se sobrevive: la gente me conoce y me compra. No puedo parar ni el día del trabajador», expresa el vecino de San Antonio que también lleva su producto casa por casa.