A casi diez días del devastador doble terremoto que sacudió a Venezuela, la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros entra en su etapa más crítica. En una carrera contra el tiempo donde cada hora cuenta y la complejidad aumenta, las historias de solidaridad emergen como una luz de esperanza en medio de la catástrofe.

Bryan Uzcanga es un joven emprendedor de San Fernando de Apure, una localidad ubicada a unas siete horas de la capital venezolana. Al enterarse de la magnitud del desastre en el estado de La Guaira y Caracas, decidió dejar de lado su rutina y sus comodidades para viajar al epicentro de la tragedia y sumarse a las tareas de rescate.

En una entrevista realizada a través de una comunicación virtual en el canal RDC Streaming, Uzcanga relató el dramático momento en que la tierra comenzó a moverse y cómo se vive la emergencia desde el terreno.

El momento del sismo: «Pensé que eran cosas mías»

El joven voluntario se encontraba trabajando en su taller textil cuando el suelo empezó a vibrar con una fuerza inusual para la región.

«Yo estaba allá en mi casa en San Fernando de Apure, trabajando en nuestro emprendimiento de estampado de franelas. Justamente comenzó a temblar. No me imaginaba eso porque allá es muy raro que pase. De repente, escucho a mi familia en la sala gritando, asustados. La gente salía corriendo. Ahí me di cuenta de que no eran cosas mías. Luego nos enteramos de que no fue solamente uno, sino que fueron dos temblores y muy fuertes. Se sintió allá, en Caracas y en La Guaira. Fue terrible.»

De la impotencia a la acción solidaria

La escala del desastre motivó a Bryan y a su hermana a transformar su negocio en un centro de acopio improvisado antes de emprender el viaje hacia las zonas más afectadas.

«Sinceramente me sentía inútil en casa. Quería apoyar, estar allí y poner mi granito de arena. Con mi hermana decidimos hacer una recolección de insumos en el negocio: medicinas, alimentos, ropa. También estampamos algunos obsequios para regalarles a los niños. Tomé la decisión de venirme personalmente en autobús para traer todo.»

El impacto de la realidad en el terreno

A pesar de las impactantes coberturas de los medios de comunicación y las redes sociales, Uzcanga asegura que la dimensión de la destrucción en La Guaira supera cualquier registro audiovisual.

«Si uno queda fuerte con las imágenes de las redes, llegar aquí y verlo en persona no es comparable. Te destroza el corazón. Hay que tener de verdad muchas fuerzas para ver esta situación. El primer día fui a Catia La Mar y las estructuras grandes y pesadas estaban colapsadas. Por más que vengan muchos rescatistas y voluntarios de otros estados con la intención de ayudar a remover o en la logística, es imposible avanzar sin la maquinaria adecuada.»

La solidaridad del pueblo y la urgencia de recursos técnicos

El entrevistado destacó la enorme respuesta humanitaria, tanto a nivel nacional como internacional, para el envío de alimentos y asistencia básica. No obstante, hizo un llamado urgente respecto a la falta de equipamiento pesado para acceder a las estructuras de gran porte.

«El pueblo venezolano se ha abocado por completo. El que tiene una harina pan o una pastilla, lo dona. También estamos muy agradecidos con la ayuda de países como El Salvador, Estados Unidos, Colombia y de otros continentes. Pero el punto crítico hoy es la maquinaria. Hay edificios de 15 pisos que todavía ni se han podido tocar porque es imposible mover esas estructuras tan grandes con fuerza humana, por más voluntad que tengan los rescatistas o las figuras públicas que se sumaron.»

Actualmente, el joven continúa movilizándose entre Caracas y los sectores más golpeados de la costa, como Caraballeda y Caribe, reafirmando el compromiso de cientos de jóvenes que decidieron postergar su realidad para acompañar a los damnificados en este difícil proceso de reconstrucción.