El sudeste de España vive horas dramáticas. Un violento incendio forestal desatado en la localidad de Los Gallardos, en la provincia de Almería (Andalucía), provocó una verdadera catástrofe que ya dejó un saldo de al menos 12 muertos y mantiene en vilo a toda la región. Según los últimos reportes publicados por el diario El País, las autoridades civiles y las fuerzas de seguridad montaron un operativo contrarreloj para intentar frenar el avance de las llamas, que ya devoraron más de 6.600 hectáreas.

El panorama en el lugar combina la desesperación con la esperanza de un alivio meteorológico. Tras una noche extremadamente compleja, la intensidad del viento bajó notablemente y la humedad subió al 50%. Este cambio en el clima abrió, según los especialistas, una «ventana de oportunidad» para que los más de 500 brigadistas desplegados en el terreno dejen de trabajar en la defensa de los cascos urbanos y pasen «al ataque» directo del fuego, apoyados por una flota de helicópteros e hidrantes.

La búsqueda de las víctimas y el drama de los civiles

Hasta el momento, la Guardia Civil confirmó el hallazgo de 12 personas fallecidas. Las muestras biológicas de las víctimas ya fueron trasladadas en helicóptero a Madrid para realizar los correspondientes análisis genéticos e identificación en los laboratorios de criminalística. En paralelo, los peritos comenzaron a tomar muestras de ADN a los familiares que se concentraron en la zona del desastre.

Además de las víctimas fatales, hay 23 personas bajo la categoría de «no localizadas». Desde la Junta de Andalucía aclararon a los medios locales que prefieren usar ese término antes que el de «desaparecidos», ya que en varios casos se trata de reportes de personas que hace años no tenían contacto frecuente con los residentes de la zona afectada. Por lo pronto, hay siete denuncias formales por desaparición que no coinciden con los cuerpos ya encontrados.

El éxodo provocado por el fuego es masivo: hay 1.448 evacuados, de los cuales 164 debieron ser realojados en refugios y centros vecinales especialmente acondicionados por la administración pública.

Desobediencia en medio del caos y el fuego

Las crónicas locales que reconstruyen las horas más críticas de la noche del jueves exponen escenas de terror absoluto. De acuerdo con lo informado por El País, el no haber acatado las órdenes oficiales de evacuación o confinamiento habría sido la causa directa de la muerte de las 12 víctimas identificadas.

En medio de la desesperación por escapar, un grupo de nueve personas ignoró la orden de quedarse en sus viviendas y huyó a toda velocidad por un sendero rural que creían seguro. Sin embargo, el camino terminó siendo una calle sin salida que un productor local utilizaba para cuidar colmenas de abejas; el grupo quedó completamente atrapado por el fuego. En otro episodio fatal nacido del caos nocturno, cuatro personas intentaron huir en un auto a través de una rambla (un cauce seco) que se transformó en una trampa mortal.

Ante esta situación, la Guardia Civil detuvo a dos personas por desobedecer las órdenes directas de desalojo. Los involucrados ignoraron las alertas de los agentes y rompieron el perímetro de seguridad para regresar a una zona de alto riesgo que ya estaba cercada por las llamas, oponiendo además resistencia a la autoridad.