Los cuatro sismos registrados en los últimos días - Imagen: Carlos Paz Vivo!

Hace apenas unos días, los movimientos sísmicos eran apenas un comentario aislado en grupos de WhatsApp o una pregunta al vecino: «¿Sentiste algo?». Sin embargo, en poco más de una semana, la frecuencia de estos eventos ha transformado la curiosidad en una atención constante hacia lo que sucede bajo nuestros pies.

Desde el 23 de junio hasta este primer día de julio, el cordón montañoso Sierras Grandes de Córdoba, ha mostrado una actividad diferente a la que estamos acostumbrados, que nos invita a repensar nuestra convivencia con el territorio serrano.

El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) ha registrado cuatro eventos significativos en un corto lapso, marcando un recorrido que comenzó en las alturas de Los Gigantes. Siguió al sur, en Copina y se desplazó hacia el norte provincial, Cruz del Eje, donde finaliza el cordón montañoso de Sierras Grandes.

La cronología de un despertar

El primero de los registros tuvo lugar el martes 23 de junio. A las 17:12, un sismo de magnitud 2,5 y 18 kilómetros de profundidad tuvo su epicentro en la zona serrana al oeste de Los Gigantes. Fue un aviso leve, apenas perceptible para quienes estaban en reposo en Carlos Paz, Tanti y la capital.

Cinco días después, el domingo 28 de junio, la intensidad subió un escalón. A las 23:55 hs, un movimiento de 2,7 en la escala de Richter también sacudió la zona de Los Gigantes. Con una profundidad de 22 kilómetros, la percepción fue más nítida: intensidad III en Villa Carlos Paz y La Calera. Muchos vecinos, ya descansando, sintieron esa vibración corta pero contundente que hizo que las redes sociales se encendieran en cuestión de minutos. Incluso vecinos reportaron algunas roturas de vidrios en Carlos Paz.

Apenas 48 horas después, el lunes 30 de junio, la actividad se trasladó hacia el sur. A las 3:34 de la madrugada, el epicentro se ubicó en Copina, con una magnitud de 2,4. Al ser un sismo superficial (19 km), volvió a ser percibido por los habitantes de San Antonio de Arredondo, Cabalango y alrededores, despertando a más de uno en medio de la noche.

El evento de este 1 de julio: un salto en la magnitud

La seguidilla culminó —al menos por ahora— este miércoles 1 de julio, alrededor de la 1:35 de la madrugada, con el evento más relevante de la serie. Con una magnitud de 4,0 y una profundidad de 11 kilómetros, este sismo tuvo su epicentro a 30 kilómetros al sudoeste de Deán Funes. Fue el que mayor alcance tuvo, percibiéndose en gran parte de la provincia, incluyendo Villa Carlos Paz.

A diferencia de los anteriores, que se mantuvieron en el rango de los 2 grados, este sismo alcanzó un nivel que, si bien no provocó daños estructurales, se sintió con mayor claridad. La profundidad de 11 kilómetros, permitió que las ondas se propagaran con mayor nitidez en la superficie, explicando por qué fue tan ampliamente advertido.

Qué nos dicen estos números

Córdoba es una zona de sismicidad reducida a moderada, y estos eventos son parte de la dinámica natural de las fallas geológicas que atraviesan nuestras sierras.

La diferencia radica en la ubicación: mientras los sismos del 23, 28 y 30 de junio estuvieron concentrados en el corazón de las Sierras Grandes y el Valle de Punilla, el evento del 1 de julio nos recordó que la actividad se extiende hacia el norte, una zona donde históricamente se han registrado eventos de estas características.

Un mapa de fallas vivas

En una semana, pasamos de sismos casi imperceptibles a uno que, sin ser peligroso, nos hizo levantar la cabeza. La naturaleza no es estática. Vivir en las sierras implica aceptar esta condición, estar informados y, sobre todo, no perder la capacidad de asombro ante la fuerza de nuestra tierra, que como vimos, sigue moviéndose bajo nuestros pies.

No estamos parados sobre una superficie inerte, sino sobre un sistema complejo de fallas geológicas que definen nuestra geografía.

Cada uno de los cordones montañosos de Córdoba es, en esencia, la expresión visible de una falla. Las Sierras de Pocho, por ejemplo, son una zona particularmente activa; junto a ellas, las Sierras Grandes y las Sierras Chicas conforman el esqueleto sísmico de nuestra provincia.

Puntualmente, el Valle de Punilla —tan presente en los reportes de estos últimos días— alberga el frente de una falla mayor cerca de La Falda. Este bloque no es solo superficial; se hunde hacia el este, alcanzando profundidades que podrían llegar incluso bajo localidades como Salsipuedes y La Granja. Pero el mapa es aún más complejo: si bien la falla de Punilla es la más grande, el sistema se completa con otras fallas menores, como las del Salto de La Estancita, Ascochinga y el Camino del Cuadrado, las cuales también tienen la capacidad de generar sus propios movimientos, recordándonos que nuestras sierras son un organismo vivo.