La Cámara de Deán Funes absolvió al oficial inspector Luis Alberto Faría, quien estaba imputado por el delito de homicidio con exceso en el legítimo ejercicio de un cargo, luego de que durante una persecución policial abatiera a un hombre que había disparado contra su expareja y posteriormente contra los efectivos que intentaban detenerlo.
La sentencia fue dictada por el vocal Pablo Ceballos Chiappero, quien concluyó que el accionar del uniformado se produjo en un contexto de agresión armada continua y en cumplimiento de su deber funcional.
Los hechos se remontan a una madrugada de violencia en la localidad de San José de las Salinas, cuando Cristian Iván Muñoz se presentó armado en la vivienda donde se encontraba refugiada su expareja, Gabriela Romero, sobre quien pesaba una prohibición judicial de acercamiento.
Según se acreditó durante el juicio, el hombre efectuó disparos con una pistola calibre 22 contra la vivienda, generando momentos de extrema tensión entre los ocupantes del inmueble, quienes solicitaron la intervención policial.
Una persecución que terminó en un tiroteo
Pese a los intentos iniciales de los efectivos por persuadirlo para que depusiera su actitud y entregara el arma, Muñoz escapó del lugar a bordo de una motocicleta cuando llegaron refuerzos policiales.
Horas más tarde, en una zona rural del departamento Tulumba, el oficial Faría y otro efectivo lograron localizar al sospechoso.
De acuerdo con la reconstrucción de los hechos, el policía le dio la voz de alto, pero el hombre ignoró la orden y abrió fuego contra los uniformados utilizando nuevamente una pistola calibre 22.
Frente a esa agresión, y a una distancia aproximada de 50 metros, Faría respondió utilizando una escopeta cargada con cartuchos de propósito general con perdigones de plomo. Parte de esos proyectiles impactaron sobre Muñoz y le provocaron heridas que derivaron en su fallecimiento.
«No fue un hecho aislado»
En los fundamentos del fallo, el juez Ceballos Chiappero sostuvo que el enfrentamiento con el oficial fue el desenlace de una situación de peligro que se había iniciado varias horas antes y que nunca dejó de desarrollarse.
«No se trató de un hecho aislado», señaló el magistrado, quien destacó que durante toda la madrugada el agresor apareció y desapareció reiteradamente del lugar, efectuó disparos contra la vivienda, intimidó a sus ocupantes y logró eludir en varias oportunidades la intervención policial.
El fallo remarca además que el hombre extendió posteriormente esa agresión hacia los propios efectivos que intentaban detenerlo.
La Justicia descartó el «gatillo fácil»
Uno de los aspectos centrales de la resolución judicial fue el rechazo a cualquier interpretación vinculada a una ejecución extrajudicial o a un uso desmedido de la fuerza por parte del uniformado.
El tribunal consideró que no resulta razonable exigir que un policía enfrente a una persona armada y dispuesta a disparar utilizando únicamente munición no letal o armamento insuficiente para neutralizar el riesgo.
Asimismo, valoró que, tras el enfrentamiento, Faría no intentó ocultar lo ocurrido ni alterar la escena, sino que colaboró con el procedimiento y procuró preservar la vida del hombre que momentos antes había abierto fuego contra él y contra otros efectivos.
Para el magistrado, esa conducta es incompatible con la hipótesis de un accionar motivado por represalias o por un uso arbitrario de la fuerza.
«La prueba producida durante el debate excluye categóricamente toda hipótesis de ejecución extrajudicial, caso de gatillo fácil o utilización indebida de la fuerza», concluyó la sentencia.
Con esta resolución, la Justicia cordobesa consideró acreditado que el accionar del oficial se enmarcó dentro del legítimo ejercicio de sus funciones frente a una amenaza armada que permanecía vigente al momento del enfrentamiento.





