Imagen ilustrativa.

Productores rurales de partidos como Necochea, en Buenos Aires, advierten sobre el incremento sostenido de ataques a ganado menor por parte de pumas. Tras una nueva matanza de corderos, reclaman respuestas ante una problemática que ya trasciende las pérdidas económicas y amenaza la tranquilidad en las chacras.

En el sudeste de la provincia de Buenos Aires, los pumas dejaron de ser una rareza para convertirse en una preocupación constante y creciente. Así lo confirman productores de la región, quienes advierten que en los últimos tres o cuatro años los ataques nocturnos se intensificaron a tal punto que el temor ya no se limita al sector productivo, sino que alcanza a la seguridad de las personas.

El caso más reciente se registró el pasado fin de semana en el partido de Necochea, cuando el padre de la productora Viviana Galli —un hombre de más de 80 años— llegó al corral y encontró diez corderos muertos; de todo el lote, apenas uno sobrevivió. «Nos estaba comiendo una oveja o matando un cordero por noche… Hoy tienes 30 ovejas. El año pasado no comimos corderos, este año ya nos lleva matando 15″, graficó la productora.

Un impacto que se multiplica en la zona

El fenómeno no se circunscribe a un solo establecimiento. A unos 40 kilómetros de allí, en la localidad de La Dulce, otro productor que ya no criaba ovinos sufrió la pérdida de seis terneros. Asimismo, en distintos campos de la zona circulan reportes sobre caballos con marcas de arañazos y burros muertos.

Galli remarca que la problemática golpea de lleno a chacras pequeñas y de tradición familiar —donde la cría de ovejas se destina fundamentalmente al consumo interno— y no a grandes explotaciones. La situación se torna más compleja al comprobar la cercanía de los animales: en una oportunidad, la productora y su esposo se cruzaron con cinco pumas en la chacra familiar durante la noche. «Eso me preocupa demasiado y me ocupa«, expresó.

Falta de respuestas y alternativas de defensa

Ante la consulta sobre asistencias o indemnizaciones por los daños sufridos, la respuesta de los productores es terminante: nadie se hace cargo. Tampoco las recomendaciones técnicas brindadas en encuentros de fauna silvestre —como la sugerencia de colocar vizcachas para distraer a los predadores— han resultado útiles en campos donde ya abundan las vizcacheras y liebres silvestres.

Frente a este escenario, los productores ven inviable la convivencia pacífica en una zona de intensa actividad agrícola y ganadera. Si bien descartan posturas extremas y reconocen la naturaleza de la especie, el riesgo humano es el límite principal. «¿Qué va a pasar con la vida humana? (…) Si tuviera chicos pequeños, no los dejo en el patio del campo, ni loca«, advirtió Galli.

Como métodos de defensa, algunos chacareros construyen «jaulones» de tejido con techo para resguardar a los animales durante la noche, mientras que otros apuestan a la utilización de perros guardianes, una alternativa que en algunos establecimientos ha logrado contener los ataques con éxito durante años.

Un problema de alcance nacional

El avance de los pumas sobre áreas productivas y periurbanas no es un hecho aislado del sudeste bonaerense. Problemáticas similares se multiplican en el oeste de la provincia, en Córdoba, Chubut y Santa Cruz —donde la situación se complejiza además con la presencia de guanacos—, reflejando un desequilibrio ambiental y productivo que profundiza el debate entre los sectores afectados y las miradas proteccionistas.

Pese al desaliento que provocan las pérdidas continuas —al punto de que su padre estuvo a cerca de abandonar la actividad tras el último ataque—, el peso de la tradición familiar impulsa a los productores a seguir adelante, redoblando los recaudos nocturnos en una lucha diaria donde la tranquilidad del trabajo rural parece haber quedado atrás.

Con información de Cadena 3.