Por Walter Tortone. Los subsidios de toda índole no paran de llegar a las instituciones deportivas: Nación, Provincia, Municipios. Fotos y notas por doquier de la entrega de los mismos. Todo esto, claramente, acrecentado desde las primeras “liberaciones” tras la declaración de la pandemia. Pero así como llegan más y más, aumentan proporcionalmente los problemas de los clubes. ¿Por qué?

Sería imposible detallar las problemáticas de cada una de las entidades carlospacences, tanto las primordiales como las urgentes. Así mismo, dialogando con quienes están en el día a día de los clubes, hacen notar clara y rápidamente las carencias en infraestructura que sufren.

Sólo a modo de ejemplo, hace una semana se disputaba el Final Four de Primera División en el Club de Pesca. A falta de pocos segundos para finalizar el primer encuentro de la noche, ambos equipos (además del Auriverde y Deportivo Norte que jugaban en el segundo turno) debieron mudarse a la cancha alternativa, en Sportivo Bolívar, para completar el cronograma. ¿La razón? Un chaparrón corto seguido por una leve llovizna que desnudaron las goteras en el techo del Zisman-Germanetto.

Visto lo del club más representativo del centro de la ciudad, podemos agregar la falta de espacio disponible para entrenamiento que tiene Carlos Paz RC, siendo el que trabaja acorde a los tiempos actuales y posee dos disciplinas únicas en la zona.

El único club social aún vigente desde su fundación es Sarmiento, el cual vio renacer al basquet en su interior, pero también debió dejar de lado al handball y otras actividades. El terreno lindante, ya cedido a la institución, se transformó en un negocio y no en un crecimiento/mejoramiento en la infraestructura del club. No es crítica a la actual dirección del club, sino una simple descripción de la situación.

El equipo de futsal, flamante finalista de la Liga Cordobesa (y con varios títulos en su haber) debe entrenar en unas canchas no aptas para la disciplina y, lo cuestionable, que es al aire libre donde también funciona una escuela de handball, una escuelita -a la gorra- de básquet y lugar esporádico de entrenamiento, también, para otro elenco de handball.

Como los de arriba, decenas de ejemplos por citar. Podríamos agregar también el crítico estado de la única cancha de fútbol ‘pública’ de la ciudad, rodeada por la calle Dinamarca, donde hacen de local algunos elencos carlospacenses.

De a poco, parece ser por los detalles que a simple vista notamos en la mayoría de los clubes locales (quizás si ampliamos la mirada, suceda también a nivel mundial), se comenzó a licuar a las instituciones deportivas aplicando ‘curitas’ en profundos cortes que nunca tuvieron, aquí, un cirujano, cirujana o cirujane que ponga los puntos donde deba ponerlos y cerrar la herida para siempre.

Será tiempo de, como sociedad, no dormir en la comodidad de aprovechar las horas de club como “guardería”, sino también exigir que ese lugar sea acorde y tenga lo necesario para inculcar los valores que cada deportista necesita para el resto de su vida.