El fallecimiento de Luis Brandoni caló hondo en la comunidad artística de Córdoba y Carlos Paz, especialmente en la figura del productor Pablo Sitoni, quien recordó al actor no solo como el ídolo que admiraba desde películas como La Patagonia Rebelde, sino como un amigo entrañable.
Sitoni rememoró con especial afecto las giras que realizaron juntos por el interior provincial, destacando la sencillez de quien consideraba un genio. “Nació una amistad porque fueron muchas horas de conocernos y la verdad era estar con un tipo normal que yo lo veía y no podía creer, de estar con este genio y que fuera un tipo como todos”, expresó el responsable del Teatro del Lago.
Durante aquellas recorridas por pueblos y ciudades cordobesas, surgió una de las anécdotas que mejor definen la filosofía de vida de Brandoni. Según relató el productor, el actor solía llamarlo antes de iniciar cada gira para asegurarse de que todo estuviera en orden, pero su prioridad no era la taquilla. “Él decía una frase que se hizo muy célebre entre los productores: ‘Hacemos teatro para ir a cenar después’. Decía que el teatro era la escuela para después juntarnos a cenar”, recordó Sitoni con nostalgia.
Esta mística del encuentro y la charla compartida marcó cada uno de sus pasos por los escenarios de la provincia, desde las funciones en el Teatro Comedia y el Teatro del Lago hasta el éxito arrollador de Parque Lezama.
La humildad de un grande
Sitoni también puso de relieve la ética profesional del actor, quien insistía en llegar temprano a cada destino para cumplir con la prensa local: “Él siempre me pedía que llegáramos a la hora del mediodía para el noticiero del canal del pueblo”.
Para el productor carlospacense, la partida de «Beto» representa el cierre de una época y deja una sensación de orfandad en el medio.
“Como pasó en su momento con Gerardo Sofovich, es como que uno se empieza a sentir más solo. Estos referentes producen una cierta nostalgia de saber que no lo vamos a poder compartir físicamente”, concluyó emocionado, resaltando que la grandeza de Brandoni le permitió ser querido por todos, superando cualquier pertenencia política.








