El fútbol nunca fue solo fútbol. Mientras el clima del Mundial se vive a flor de piel en una jornada donde la victoria de Ecuador sobre Alemania sacudió la Conmebol, en el streaming Ojos para Ver, que conduce Fernando Agüero, el juego para analizar lo que pasa en las altas esferas del poder global. En esta oportunidad, nos visitó Pablo Adrián Tuninetti, abogado y especialista en relaciones internacionales, para desmenuzar cómo los hilos de la política internacional se tejen alrededor de una pelota.
Tras los pasos de la charla de la semana pasada con el politólogo Nacho Liendo sobre la identidad futbolera argentina, Tuninetti trajo a la mesa una perspectiva global y estructural basada en sus investigaciones de maestría y doctorado: el rol de la FIFA como un «demiurgo» global.
Una nueva geografía del poder
¿Tiene la FIFA más poder que el presidente de un país? Para Tuninetti, la respuesta camina por esa cornisa. Según el especialista, el sistema internacional actual ya no está dominado únicamente por los Estados tradicionales o las Naciones Unidas:
«Instituciones como la FIFA, el Comité Olímpico Internacional, o a nivel regional la Conmebol y la AFA, representan una nueva geografía del poder internacional. Son actores políticos con una agenda global que juegan de igual a igual con los Estados», explicó.
El analista señaló que estas entidades utilizan los megaeventos deportivos como plataformas de proyección geopolítica. Un claro ejemplo es la actual gestión de Gianni Infantino, una figura omnipresente que articula no solo la institución, sino un enorme rédito político y económico personal.
Tensiones en el Norte: Trump, migración y el contexto del Mundial
El debate se encendió al analizar el presente Mundial, coorganizado por Estados Unidos, México y Canadá. Lo que originalmente se planificó como una muestra de diplomacia e integración regional norteamericana, terminó siendo absorbido por la fuerte impronta y el personalismo de Donald Trump.
Tuninetti remarcó la contradicción de que un país busque visibilizar una fachada de apertura a través del deporte mientras lidia con tensiones internas profundas, como las políticas migratorias y las elecciones de medio término en noviembre.
Incluso en la logística del torneo se reflejan las disputas geopolíticas reales. El panel recordó las severas restricciones iniciales impuestas a delegaciones como la de Irán o el retenimiento de jugadores iraquíes en el aeropuerto de Chicago; conflictos que debieron aliviarse mediante negociaciones diplomáticas del más alto nivel en Suiza. Una demostración fáctica de que el contexto internacional repercute directamente en la cancha.
El fútbol como parlante de los pueblos y el mito de Maradona
Durante el programa, también se repasó cómo el fútbol históricamente sirvió para visibilizar las tragedias y las luchas sociales. Desde los cuestionamientos éticos a la FIFA durante la dictadura militar en el Mundial 78 de Argentina, hasta la realidad actual de los desaparecidos en México o los recientes gestos de los jugadores de la República Democrática del Congo para concientizar sobre su sangrienta guerra civil.
Para el cierre, el equipo de RDC coincidió en que la máxima expresión de esta transversalidad política y social fue Diego Armando Maradona.
A diferencia de muchas figuras contemporáneas, se destacó la inquebrantable conciencia de clase e identidad del «Diez», un ídolo que, habiendo salido de la villa, jamás olvidó su origen y usó su plataforma global para plantarle cara al poder de la FIFA de Blatter y a los intereses de las potencias occidentales. Como bien citaba Eduardo Galeano, Maradona fue «el más humano de los dioses», uniendo para siempre el barro, el oro y la política en el corazón de la gente.





