Foto: Daniel Cáceres.

Willy Magia y el Mago Matus regresan a Carlos Paz con una puesta monumental que trasciende el ilusionismo para convertirse en una experiencia emocional inmersiva. Una oda a la amistad y a la capacidad de creer que lo imposible es solo una ilusión.

No seré yo quien revele los trucos ni las escenas que habitan el nuevo show de Willy Magia y el Mago Matus; no es ese el objetivo de estas líneas. Lo que sí diré es que los magos lo hicieron otra vez. La prestidigitación, el ilusionismo y la épica de los sueños se apoderaron del Teatro Luxor en esta temporada 2026. Durante casi dos horas, los espectadores suspendimos nuestros tiempos personales para entrar en un sueño colectivo donde las emociones más vibrantes se adueñaron de los corazones.

Más allá de los artificios y las argucias de la magia —desde los trucos más sencillos hasta los más complejos—, existe un engranaje narrativo que funciona enérgicamente. La espectacularidad de las performances de Matus se amalgama con el humor y la cercanía de Willy Magia, pero el verdadero motor es algo del orden de lo motivacional y aspiracional.

Willy y Matus celebran su amistad desde el primer momento. Cada uno relata por qué y de qué modo han llegado hasta este escenario mayor que los tiene como protagonistas, y se percibe una inmensa gratitud por el camino recorrido. Es esa honestidad la que tiende el puente hacia la platea.

Tecnología al servicio de la emoción

La tecnología se pone al servicio de esta “fábrica de sueños” que sorprende y conmueve. Aunque algunas escenas hayan sido parte de entregas anteriores, las emociones se renuevan. Es casi imposible no identificarse con lo que sucede sobre el escenario, especialmente cuando el público es invitado a interactuar. La mayor parte del show es una búsqueda sensorial constante e innovación pura.

Lo que moviliza a gran escala es la polisemia teatral, la semiótica de la puesta en su totalidad; aquello que permite que el relato construya un “aquí y ahora” indestructible. Mente y cuerpo ingresan a ese universo propuesto y el mundo exterior desaparece. De allí nace esa sensación de suspensión temporal donde nos animamos a creer, como dicen los magos, que “todo es posible”. Esa ilusión es, sin dudas, la más potente de todas.

Una puesta monumental

El despliegue es imponente: luces sorprendentes, la destreza y belleza de las bailarinas (Lina Solé y Agostina González), pantallas LED que construyen atmósferas de ensoñación y escenas holográficas que tornan la experiencia absolutamente inmersiva, sonido de última generación. Frente a tanta magnificencia, cabe preguntarse si la autorreferencialidad es el único hilo conductor posible para desplegar tanto talento; sin embargo, el público (adultos, jovenes y niños) se entrega fascinado, encantado por artistas que dominan el arte de la persuasión como modernos flautistas de Hamelin.

Después de todo, la magia invita a navegar en ese maravilloso juego de las quimeras que nos hace creer que los objetivos más insospechados pueden alcanzarse. Es la vieja promesa del alquimista de tierras lejanas: si el anhelo es genuino, el universo conspirará a nuestro favor.

Entonces, quien quiera creer, que crea.

Tras haber recibido el Carlos de Oro en 2025, Willy y Matus reafirman su lugar en lo más alto de la escena nacional, demostrando que en Carlos Paz, el asombro todavía tiene lugar asegurado.

FICHA TÉCNICA:

  • Protagonistas: Willy Magia y Mago Matus.
  • Bailarinas: Lina Sole y Agostina González.
  • Productora: Pardo Producciones.
  • Lugar: Teatro Luxor (Av. Libertad 211, Villa Carlos Paz).
  • Días y horarios: De viernes a domingos a las 22 hs.