Alelí: Lucho para que el ser humano recupere la sensibilidad

Jorgelina Castagno hace diez años visita ininterrumpidamente Carlos Paz. Agarra su bolso y viene desde Córdoba Capital. Jorgelina, más conocida como “Joly”, hace una década que hace reír a grandes y chicos en la Plaza del Fundador, atrás de la Iglesia del Carmen. Se pinta la cara, se pone una peluca, que supo ser colorada, verde y ahora es violeta flúor, y una nariz roja, el distintivo máximo de un payaso. Su ropa tiene colores llamativos que resplandecen cada noche, el modesto escenario siempre espera por su salida, los tablones se van poblando después de la función de Garabatitos, la otra obra que se realiza en el mismo lugar.

Cuando sale a escena todo se convierte, por un momento, en un mundo lleno de felicidad, su sonrisa se refleja en la cara de niños y niñas, en las familias enteras que se agrupan en el lugar para presenciar el show y que son provenientes de lugares cercanos o inesperados. Jorgelina Castagno es Alelí, la payasa cordobesa que se convirtió en un clásico de la temporada de verano.

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“Alelí nace exclusivamente hace 10 años, pero desde los 9 años, ahora tengo 32, hago teatro”, dice Jorgelina después de la función. En su cara todavía queda las marcas del maquillaje en su rostro, algo de negro por allí y un poco de blanco por allá, el rojo carmesí con brillantina sigue en sus labios. En una de las entradas de la Iglesia del Centro, “Joly” empieza a recordar sus inicios mientras turistas pasan al lado nuestro caminando por la calle. “Mi mamá decide llevarnos junto con mi hermana melliza a hacer teatro cuando tenía 9 años al Centro Cultural de San Vicente. Y en la primer clase me apasione terriblemente, ahí empecé a hacer mi camino.”

Su primer papel actoral fue el de Filostrato, el servidor de “Sueño de una noche de verano” de William Shakespeare cuando tenía 14 años. Con catorce abriles se dio cuenta que no le importaba hacer de varón, ni cortarse el pelo en lo de Marta, su peluquera, para ese papel, sin ni siquiera pensar en el advenimiento de su cumpleaños de 15. “Ahí me di cuenta de que era capaz de hacer cualquier cosa por el teatro, por esto que no era tan racional sino que era pasional”.

Cuando terminó sus estudios secundarios su camino siguió en la Universidad Provincial de Córdoba y en el 2006 se recibió en el profesorado de artes en teatro. “Mi vida es el teatro. Es actuar y enseñar. Soy profesora hace diez años. Con Alelí, mi profesión de payasa y de docente fue en conjunto. Me encanta enseñar, trasmitir el teatro. Creo que me transformó como persona, me hizo construir mi identidad, defender ideas y posturas”, dice “Jorgelina”.

Alelí, sus comienzos

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El nombre surgió con cuatro compañeros del profesorado que se juntaron en el salón de su abuela, lugar donde había muchas flores artificiales. En un momento empezaron a volar esas flores por el aire y Jorgelina pensó: “Me gustaría llamarme como una flor”. “Ahí se me vino a la cabeza el tema de Alelí, porque mi papá es fanático de la música brasilera y me crié escuchando Caetano Veloso con el tema “Capullito de Alelí” y se me vino ese recuerdo. Y ahí nace Alelí con esa idea de flor, de color, de alegría, de la primavera, la felicidad y la naturaleza.”

La payasa Alelí, dice su creadora, fue mutando. Comenzó con una obra que llegaba como una idea revolucionaria de hacer teatro callejero, donde no les fue como lo habían planeado. Otra vez regresó con otro grupo y las cosas tampoco salieron como lo esperaba. “La calle me hizo fracasar muchas veces, tuve muchos fracasos. La gente se levantaba y se iba, me daba cuenta que no le gustaba lo que Alelí hacía, hacíamos poca plata con la gorra. Entonces yo quería saber que era lo que estaba mal. Y era fracasar, fracasar y fracasar, pero a su vez ese fracaso se trasformaba como en valentía, en seguir queriendo saber cómo era esto”, relata y agrega: “Y ahí me di cuenta que la calle es participativa, es estímulo, es diversión, es popular, es cuarteto, es “Shaky shaky, Ricky Martín y “La Mordidita”, es lo que la gente consume y lo que ve. Creo que para hacer esto tenés que acercar el código, acercarte a la gente. No renegar de lo que somos y lo que tenemos, sino que amigarse de eso para poder trabajar desde ahí, transformando todo eso en sensibilidad, pasión y profesionalismo.”

“En la calle esta la verdad, siempre lo digo. Está la papa. Si a la gente no le gusta se levanta, te abuchea, no te pone en la gorra. Estás todo el tiempo en el abismo entre el éxito y el fracaso”, confirma. “De estos diez años, siete fracasé. Recién en estos últimos tres años como que enganché. Relacionó a esta década de Alelí, con los diez años de una niña que aprende a caminar, que se cae, que se golpea, que tiene miedo de caminar, que tiene miedo de dar el paso y pero que cuando lo das, no te frena nadie.”

“Me costó mucho encontrar mi lugar. No hago circo, no se hacer acrobacias, malabares, solamente sé hacer reír, desde lo genuino, desde lo espontáneo, desde la humildad de demostrar Alelí quiere ser alguien todo el tiempo, quiere ser cantante, bailarina, actriz, quiere cumplir sueños todo el tiempo, quiere cumplir metas, y ese mensaje creo que es súper positivo. Mostrar en mi show que no se hacer nada pero que a la vez quiero hacer todo, que quiero seguir aprendiendo y que me queda mucho por aprender. Es difícil hacer teatro callejero y humor siendo mujer”, resalta y se emociona.

La magia de la nariz

“Creo mucho en la magia de la nariz. Todavía no logró descifrar que es, pero es una magia que mi cuerpo capta y va solo al público”, analiza Jorgelina y ratifica que en este puñado de años puede decir que encontró el personaje. “Después de diez años estoy segura de lo que hago. Ya sé quién es Alelí, que hace, como habla, como baila y lo que le gusta a la gente. Ahora tengo que volver a renacer, renovar los shows, los chistes, las cosas, ya los aceité y asimilé a mi personaje y ahora tengo para seguir sosteniendo este espacio.”

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Los sueños de Alelí

“Creo que el sueño se cumple día a día. Me consolidé como personaje, la gente me busca, ya me conoce, y eso es para mí haber cumplido un sueño. Cumplí el sueño de ser madre y compartir mi trabajo con mi compañero de vida que es “Trompetita”. No puedo separar “Joly” de Alelí, y viceversa. Por ahí la parte de payasa muestra mi lado más vulnerable y ridículo, más verdadero”, relata.

Le gustaría hacer teatro sabiendo que si algo sale mal la calle siempre es la alternativa. “Me gustaría esa experiencia porque sé que si me va mal vuelvo a la calle, tengo el plan B siempre. Aspirar a más, porque sé de dónde vengo y sé que aspirando a más nunca me voy a olvidar de dónde vengo. Uno de los sueños más grande que me encantaría poder cumplir es no olvidarme nunca que nací en una plaza con gente, no perder la humildad porque yo no me olvido quién soy.”

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“Lucho para que el ser humano recupere la sensibilidad. Estamos en un momento muy insensible, de muy poca valoración individual y grupal. El mensaje es ese, recuperar y desarrollar lo sensible. El teatro te hace sensible. Ves las cosas desde otro lado y te hace luchar por eso, creo que Alelí y los payasos, somos eso. Los payasos somos muy necesario en la vida, sobretodo hoy. Está bueno trasmitir eso, que con el avance de la ciencia, la tecnología es muy importante que en este momento haya personas que te hagan reír, no cualquiera lo puede hacer”, concluye.

El mundo feliz de Alelí. Todos los días (se suspende por lluvia) atrás de la Iglesia del Centro, Plaza del Fundador. Funciones 20:30 y 22:30hs, a la gorra.

 

Carlos Paz Vivo

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