Inicio Opinión Una expedición por la costa oeste del lago San Roque, sin agua...

Una expedición por la costa oeste del lago San Roque, sin agua y con un colchón de plástico

Por Fernando Agüero. La tenebrosa figura de la cabeza de lo que fue una muñeca de juguete aparece entre las piedras, la arena barrosa y el plástico que si no flota, se esparce como una plaga por el lecho seco del lago San Roque.

Carlos Paz Vivo! caminó por zona oeste de la costa del San Roque, un lugar en el que habitualmente hay agua y hoy muestra embarcaderos flotantes como finales de parques de mansiones, chalets y hoteles que extrañan la cercanía del lago. La imagen lleva a pensar en por qué esa costa del embalse más importante de la provincia es privada y prácticamente no tiene bajadas públicas ni espacios para vecinos y turistas. La respuesta surge rápidó y es obvia, hubo intereses inmobiliarios en momentos en que no existía o no se respetó un Código de Urbanización que estuvieron por encima del bien común y durante muchos años (¿y ahora?) esas mansiones, chalets y hoteles tiraron sus deshechos al lago sin ningún tipo de control. Y así estamos.

Lo que fue la Playa Esmeralda, un sitio que vivió sus años de esplendor, hoy es una expresión de deseo, ya sin ocupas pero con interrogantes.

La caminata es también una manera de recuperar ese sector que debería ser para todos o tener un espacio libre y no privado. Hay un par de pescadores que disfrutan la tarde de sol, una madre que pasea a sus dos niños y al perro, que no duda en meterse al hilo de agua que es hoy ese sector del lago y correr desesperado detrás de un biguá.

El puente Uruguay desde abajo luce majestuoso y sucio. Las líneas de pesca penden de cables de energía y la avenida Illia se ve distinta desde este lado de la costa, en esta costa que lo es ahora, y lo es por la sequía.

La muñeca es una imagen tenebrosa del presente que supimos conseguir arrojando nuestros desechos al curso de los ríos o en calles y veredas que después los llevan al lago por desagües hediondos.

Un pibe canta como un canario joven mientras hace sonar una guitarra criolla junto a dos amigos que corean un tema en inglés. Cerca de él hay lo que parece ser un sector de descartes de una fábrica de Crocs o imitaciones de Crocs, ese calzado veraniego que se puso de moda hace unos años y que parece batir los récords de olvidos de sus dueños en los ríos.

Después, son incontables los objetos de plástico que pueden clasificarse: bidones enormes, botellas pequeñas, sorbetes, lapiceras, tapitas, juguetes. Y bolsas de nylon, y cajas de vino y botellas de vidrios. Y hierros, alambres, neumáticos.  Y sí, algunos podrán pensar que el plástico le facilitó las cosas a la humanidad consumista pero las consecuencias están a la vista tanto aquí, en esta costa barrosa del San Roque, como en cualquier baldío.

Hay campañas de limpieza que se hacen desde el municipio, otras que organizan vecinos preocupados…pero la consciencia social sigue dormida. Y debe despertarse antes de que sea demasiado tarde. Si es que ya no lo es.