En una nueva emisión de Una de Cal, charlamos con Paula Martínez, periodista especializada en Economía y directora del portal Mi presupuesto familiar, para analizar un fenómeno que golpea de lleno el bolsillo de los hogares: el alto endeudamiento de los argentinos, la delgada línea que lo separa de la morosidad y las trampas de seguir operando con la lógica de tiempos de alta inflación.

Endeudamiento vs. morosidad: una distinción necesaria

Para comenzar a desenredar el problema, Martínez planteó una aclaración conceptual clave que suele pasarse por alto en el debate público: endeudarse no es malo en sí mismo; el verdadero riesgo es la morosidad.

«El crédito es un lubricante de la economía, es lo que hace que la rueda se mueva, que el consumidor acceda a bienes y que las empresas financien inversiones. Argentina tiene hoy niveles de crédito bajísimos respecto a la región —entre un 12% y un 15% del PIB, frente a más del 50% en países como Brasil, Chile o Perú—. El problema real no es la deuda, sino la morosidad: entrar en mora y no poder pagar a término», explicó la especialista.

Aunque los indicadores de mora mostraron una escalada sostenida durante el último año, la economista señaló que las estadísticas bancarias empiezan a mostrar una leve estabilización, si bien la medición técnica de las entidades suele tardar meses en reflejar cuando una persona logra regularizar sus pagos.

La trampa cultural de la inflación: de «licuar» a pagar el doble

Durante mucho tiempo, la alta inflación generó un incentivo distorsionado en la conducta de consumo. Con índices como el 200% anual registrado en 2023, la estrategia habitual de «patear» los pagos en cuotas o tarjetear gastos corrientes funcionaba porque las deudas se licuaban rápidamente frente al aumento constante de los precios.

Sin embargo, con el proceso de desinflación —que ubica el índice en torno al 30% anual— esa inercia se transformó en una trampa financiera. Quienes continuaron con la costumbre de endeudarse esperando que la inflación diluyera las cuotas se encontraron con una realidad muy distinta: obligaciones intactas, capital acumulado y tasas de interés sumamente elevadas.

Tarjeta de crédito para comer: el círculo vicioso del supermercado

Uno de los puntos más críticos señalados durante la entrevista fue el uso de financiamiento para compras de consumo diario, como alimentos o mercadería.

  • El peso en el presupuesto: Los alimentos representan entre un 35% y un 45% del ingreso familiar, según el nivel adquisitivo.
  • El mecanismo del problema: Si a principio de mes se utiliza el ingreso para cancelar el resumen de la tarjeta con los consumos del mes anterior, la persona se queda sin liquidez para los gastos corrientes del mes en curso, viéndose obligada a tarjetear nuevamente.
  • El costo real: Al financiar la comida no solo se devuelve el capital original, sino que se suman intereses altos, gastos de mantenimiento, punitorios e impuestos (como el IVA a los intereses o el Impuesto a los Sellos en provincias como Córdoba). De esta forma, el problema no se resuelve: se posterga y se agranda para el mes siguiente.

La «bola de nieve» de los intereses

Martínez advirtió sobre la velocidad con la que crecen los saldos impagos en las tarjetas de crédito cuando se entra en mora o se realiza únicamente el pago mínimo.

Actualmente, las tarjetas operan con Tasas Nominales Anuales (TNA) de entre el 77% y el 80%. Sin embargo, al incorporar los impuestos y gastos asociados, el Costo Financiero Total (CFT) se dispara a niveles cercanos al 140% anual. Frente a un ritmo inflacionario del 30%, pagar un costo financiero del 140% implica abonar más del doble en términos reales. Al aplicar intereses de forma diaria, una deuda pequeña por consumo cotidiano o compras menores puede convertirse rápidamente en una bola de nieve inmanejable.

¿Cómo encarar la situación?

Consultada sobre las herramientas para salir de esta espiral de deudas, la directora de Mi presupuesto familiar enfatizó en la necesidad de tomar decisiones drásticas a nivel de conducta personal:

  • Sincerar la conducta de gasto: Entender que instrumentos como los plazos fijos (que rinden entre 1% y 1,7% mensual) ya no compensan los costos de financiamiento. La única solución de fondo es gastar menos de lo que se ingresa.
  • Ajuste y orden inmediato: Encarar el problema de frente, reestructurar el presupuesto familiar y recortar consumos prescindibles en el corto plazo para frenar el devengamiento de intereses.
  • Visión a largo plazo: El manejo de las finanzas personales acompaña a las personas a lo largo de 50 o 60 años de vida adulta. Más allá de las variables macroeconómicas o los gobiernos de turno, el ordenamiento del propio presupuesto es la única garantía para mantener la estabilidad económica familiar.