En las últimas semanas, vecinos de Villa Carlos Paz comenzaron a compartir imágenes de un personaje con una máscara de zorro rosa, de mirada gigante y sonrisa permanente, que deambula por el centro y los barrios del sur de la ciudad.
Detrás del traje está un chico de 20 años que se presenta como “Cerise”, tal es el nombre del personaje de su creación, que disfrutar de la reacción de grandes y chicos al verlo por la calle.
El joven habló en exclusiva con Carlos Paz Vivo! para contar cómo nació su creación.
“No soy therian son un furro o furry, represento un personaje ficticio llamado Cerise”, explicó al comenzar la charla. Se trata de una invención propia, surgida primero como un dibujo en papel y luego llevada al plano físico con un disfraz que él mismo adaptó a su diseño.
Del dibujo a la calle
El joven contó que desde chico dibuja personajes antropomórficos —animales con características humanas— y que hace apenas unos meses decidió dar un paso más.
“El personaje lo inventé hace unos meses. Tengo una rama de varios personajes, pero este es relativamente nuevo. Dibujé la idea y después conseguí un disfraz en base a eso”, relató.
La primera vez que salió a la calle fue acompañado por un amigo. “Estaba bastante nervioso. Dije: ‘¿Y si salgo a ver qué pasa?’ Me alentaron mucho mis amigos y mi familia. Me dijeron que sacara fotos y que después les contara cómo me iba”.
Hoy, cuando decide “mostrarse” como Cerise lo hace por entretenimiento. “No voy a ningún lado en particular, estoy paseando, deambulando. Me gusta ver cómo la gente sonríe, toca bocina, pide fotos. Sobre todo a los chicos, que me dicen ‘el perrito’ o ‘el zorrito’. Eso me alegra mucho”.
Furry no es lo mismo que “therian”
Uno de los puntos que más quiso aclarar durante la entrevista tiene que ver con la confusión que existe entre distintas comunidades. Cerise se define como parte del mundo furry, un movimiento artístico y creativo que gira en torno a personajes animales humanizados. “Los furries somos un concepto humanizado de personaje ficticio que se luce como animal: camina en dos patas, interactúa como humano, es consciente. Usamos una cabeza completa que cubre toda la cara”, explicó.

Según contó, parte de la polémica reciente surge por desinformación en redes sociales. “Hay mucha ignorancia y eso genera conflictos. Incluso hubo juntas que se cancelaron por amenazas”, afirmó, dejando ver su preocupación por la violencia que circula en comentarios y publicaciones de quienes reaccionan agresivamente ante estas expresiones.
Entre el apoyo y las críticas
En Villa Carlos Paz, asegura, es el único que se muestra públicamente con traje furry. “Debe haber más, pero no se expresan en público. Yo soy el único que deambula por el centro o por Playas de Oro”.
Las reacciones, en general, son positivas. Sin embargo, no faltan comentarios agresivos: “Alguna vez me gritaron ‘andá a laburar’ o cosas así. También muchos me confunden y me dicen que soy como los therian que muestran los medios de Buenos Aires. Ahí tengo que explicar que no”.
Por eso suele salir acompañado. “Es más frecuente verme con amigos. Me da más seguridad. Igual mantengo mi comportamiento humano siempre; no hago cosas raras. En mi vida diaria soy una persona normal y en mis horarios laborales no uso el disfraz”.
Un zorro rosa, alegre y llamativo
¿Por qué rosa? Para él, el color forma parte de la identidad del personaje. “Es llamativo, alegre, feliz. Lo interpreto así: siempre saludando, transmitiendo buena energía”.
El traje fue comprado como base y luego adaptado a su concepto. También encargó dibujos a otros artistas, además de realizar sus propios bocetos de Cerise.
Más allá de las discusiones en redes, insiste en que su intención es simple: “Es un hobby. Una forma de entretenimiento tanto para mí como para la gente que me cruza. Me hace feliz ver que alguien sonríe”.
En tiempos donde muchas expresiones diferentes generan rechazo inmediato, la presencia de su personaje en las calles de Carlos Paz abre un debate sobre creatividad y tolerancia. Y al menos por ahora, su figura rosa seguirá recorriendo la villa, saludando con la pata en alto y regalando fotos al que se lo pida.














