A casi medio siglo de su desaparición, los restos de Mario Alberto Nívoli fueron identificados entre las doce personas halladas en excavaciones realizadas en los alrededores del ex centro clandestino de detención La Perla, uno de los principales centros de represión ilegal durante la última dictadura militar en Córdoba.

Nívoli tenía 28 años cuando fue secuestrado el 14 de febrero de 1977 en su casa del barrio General Paz. Un grupo de tareas lo detuvo frente a su familia y lo trasladó a La Perla, el centro clandestino que funcionaba bajo la órbita del entonces jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez.

Militancia y vida familiar

Oriundo de Ucacha, en el sur de Córdoba, Nívoli había estudiado Ingeniería Química en la Universidad Nacional del Litoral y participaba de la Juventud Universitaria Peronista (JUP).

En Santa Fe conoció a su esposa, Graciela, con quien formó una familia y tuvo dos hijos, Mariano y María Soledad. Con el tiempo se radicaron primero en Concordia y luego en Córdoba. Según registros del Archivo Provincial de la Memoria, trabajaba como técnico electricista y era conocido entre sus compañeros con el apodo de “Tito”.

Tras su secuestro, Nívoli fue llevado al centro clandestino La Perla, donde funcionó un sistema de detención, tortura y exterminio durante la dictadura.

Los responsables de ese circuito represivo fueron juzgados en la megacausa “La Perla-La Ribera-D2”, cuyo fallo se dictó el 25 de agosto de 2016. El Tribunal Oral Federal N°1 de Córdoba condenó a 38 represores a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 711 víctimas, mientras que otros cinco imputados fueron absueltos.

Entre los principales responsables se encontraba Luciano Benjamín Menéndez, quien acumuló 13 condenas a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad y falleció en febrero de 2018.

El testimonio de su hija

La confirmación de la identidad de Nívoli llegó casi 50 años después de su desaparición. Su hija María Soledad, que era apenas una bebé cuando su padre fue secuestrado, relató la emoción que sintió al recibir la noticia.

“Es una sensación enorme de justicia”, expresó en diálogo con radio Cadena 3. También señaló que el hallazgo representa el final de décadas de incertidumbre.

Según contó, recibió la noticia cuando salía de la escuela de su hijo Emiliano, de ocho años, tras una llamada del abogado Ramiro Fresneda.

“Lo primero que sentí fue un llanto explosivo. Nunca imaginé que esa llamada sería por esto”, relató.

La mujer también habló de una mezcla de alivio y dolor. “Una certeza apareció en mi cabeza: ya no soy más una hija de desaparecidos. Mi papá dejó de ser desaparecido. Ahora soy huérfana de padre. Mi papá está muerto”, expresó.