En un valle desértico, en California, nació un país. A lo largo de cuatro hectáreas, sobre tierras áridas, se extiende Slowjamastán.
Randy Williams, conocido como «Sultán de Slowjamastán», posee la autoridad suprema en esta incógnita nación, proyectada dentro del territorio de la primera potencia militar del mundo venida en gendarme de la libertad.
Williams amasó una fortuna, se dedicó a viajar por el mundo y conoció 193 países. Al regresar a su San Diego natal, abrió dos radios.
Williams atesora una colección de propaganda de dictaduras reales de todo el mundo.
La infraestructura en Slowjamastán es prácticamente inexistente, aunque cuenta con coches de policía, un autobomba y cabinas de inmigración.
Slowjamastán tiene una moneda propia. El diseño iconográfico ilustra a su líder supremo, la flora y la fauna del desierto, especialmente, de un mapache, el animal nacional.
«Este país te saca una sonrisa», «Dentro de nuestra nación nunca estás solo», dicen los versos del himno nacional, con la melodía de Rocket Man, de Elton John.
Para ser embajador de Slowjamastán es preciso pagar unos 25 dólares por mes. La ciudadanía es gratuita. La micronación cuenta con 25 000 ciudadanos de 120 países, aunque no residen en Slowjamastán.
Slowjamastan será la sede de MicroCon 2027, un encuentro de micronaciones que reunirá a delegados de más de 43 pequeños estados.





