La filtración de un memorándum del Pentágono revela que la administración Trump evalúa retirar su respaldo al Reino Unido en la disputa por las islas como represalia por el conflicto con Irán.

Mientras Milei reivindica «avances inéditos», la Cancillería argentina intenta descifrar si se trata de un giro real o de un arrebato de «emoción violenta» de Washington.

El factor «venganza»: Malvinas como moneda de cambio

Lo que comenzó como una filtración de un correo interno del Pentágono difundido por la agencia Reuters, ha escalado a una crisis diplomática de magnitud global. Según los documentos, la administración de Donald Trump analiza sancionar a sus aliados de la OTAN que no brindaron apoyo operativo (bases y espacio aéreo) durante la reciente ofensiva contra Irán.

En este contexto de represalia, el documento propone revisar el apoyo diplomático estadounidense a las «posesiones imperiales» europeas, mencionando explícitamente a las Islas Malvinas como una herramienta de presión contra el Reino Unido. Para la Argentina, esto representa un giro drástico: pasar de la histórica neutralidad estadounidense a una postura que el memorándum define como «neutralidad anticolonial».

La reacción argentina: Entre el optimismo y el desconcierto

El presidente Javier Milei no tardó en capitalizar la noticia, asegurando que su gestión está logrando avances «como nunca se han hecho» y que se está haciendo «todo lo humanamente posible» para recuperar las islas. Bajo su premisa de «cerebro frío al servicio de un corazón caliente», Milei apuesta a que su alineamiento incondicional con Trump permita a la Argentina obtener, «de carambola», un respaldo que se le negó durante décadas.

Informes indican que la Cancillería argentina se enteró de la filtración por los medios, quedando «desinformada y en offside» ante la jugada de su principal aliado. Diplomáticos de carrera advierten sobre la fragilidad de una estrategia basada en los «raptos de emoción violenta» de Trump contra sus socios europeos.

Londres levanta la guardia: «Manos afuera»

La respuesta británica fue inmediata y contundente. La canciller Yvette Cooper y portavoces de Downing Street reafirmaron que la soberanía «no está en cuestión» y que el derecho a la autodeterminación de los isleños es innegociable.

Medios británicos como The Sun titularon con alarma sobre una «Amenaza en las islas», reflejando la indignación política en Londres.