En una reciente intervención ante la Comisión de Seguridad de la Legislatura de Córdoba, la Pastoral Social y la Vicaría de los Pobres presentaron una serie de conclusiones sobre la regulación del trabajo en la vía pública, centrando el foco en la situación de los cuidacoches o naranjitas.

Los representantes del Arzobispado agradecieron la apertura del espacio tras meses de encuentros con legisladores, cooperativas y trabajadores independientes, subrayando que su única intención es contribuir al bien común con una mirada especial en los sectores más vulnerables que hoy quedan fuera del sistema económico y social.

El riesgo de la exclusión en el contexto actual

El documento advierte que la problemática se agrava en un contexto de cambios vertiginosos e inestabilidad laboral, donde muchas personas corren el riesgo de quedar excluidas permanentemente si no logran adaptarse a las nuevas dinámicas del mercado y la tecnología.

Si bien la Iglesia dejó en claro que no avala de ninguna manera los excesos, las extorsiones o los delitos que a veces rodean esta actividad, insistió en que para muchísimas personas esta es la única forma de subsistencia.

En ese sentido, señalaron que la corrupción detrás de la actividad debe ser sancionada por las autoridades, pero diferenciándola de quienes realizan su trabajo con responsabilidad.

Hacia una regulación transparente y efectiva

Respecto a la convivencia urbana, la Pastoral propuso avanzar hacia una regulación municipal clara y transparente que elimine la incertidumbre de los ciudadanos.

Entre los puntos sugeridos, destacaron la necesidad de fijar lugares y horarios específicos, establecer montos determinados con topes para eventos masivos y garantizar que el pago se realice únicamente al finalizar el estacionamiento.

También instaron a implementar canales de denuncia ágiles como el 911 para que la justicia actúe frente a delitos, evitando la superposición de sistemas que hoy genera confusión en la vía pública.

El naranjita como servidor público y sensor urbano

Uno de los ejes más innovadores de la propuesta es la reconfiguración del rol del naranjita hacia un perfil de servidor público o «sensor urbano».

La Iglesia propone fomentar el sistema de cooperativas como vehículo de protección social, vinculando a los trabajadores con instituciones de bien público, colegios y clubes para fortalecer su integración.

La idea es que, a través de capacitación continua en oficios, primeros auxilios y educación formal, el cuidador pueda colaborar activamente con la policía, la Guardia Urbana y los servicios de emergencia, reportando incidencias de alumbrado, bacheo o higiene urbana.

La advertencia sobre el peligro de acorralar a los vulnerables

Finalmente, el texto plantea un interrogante crudo sobre aquellos que quedan en los márgenes, como jubilados, personas en situación de calle o jóvenes atravesados por el consumo problemático de sustancias.

La Pastoral Social enfatizó que para estos sectores es sumamente difícil sostener capacitaciones o conseguir empleos formales de manera aislada. Por ello, concluyeron que el abordaje debe ser necesariamente comunitario y preventivo, advirtiendo que la mera prohibición sin alternativas reales de inclusión solo conlleva el riesgo de tener a más gente acorralada en la marginalidad.