Hay personas que transforman los lugares que habitan y convierten la rutina diaria en un gesto de calidez. Durante 17 años, para generaciones de alumnos, familias y docentes del nivel inicial y primario del colegio Familia de Nazareth, ese rostro entrañable fue el de Antonia Camussi —o simplemente «Totó»—, la portera que hizo de la puerta de entrada un espacio de alegría, y abrazos sinceros.
Hoy, tras cumplir sus 17 años de servicio en la institución y alcanzar el beneficio de la jubilación, Totó repasa con Carlos Paz Vivo! una historia marcada por el cariño arraigado en la comunidad educativa.

Un comienzo a la par del crecimiento del colegio
La historia de Antonia en el colegio comenzó a principios de 2009. La institución, fundada en 2008, experimentaba un rápido crecimiento en su matrícula que demandó la incorporación de nuevo personal de maestranza.
«Yo empecé el 2 de marzo de 2009. En esa época me hicieron la entrevista el padre Daniel Fratín, Alicia Tórtolo y la directora del primario, Mercedes Simón. Y ahí empecé a caminar mi etapa en el nivel inicial y primario. Siempre fui la portera de jardín y primaria», recuerda Totó sobre sus inicios en un diálogo con Carlos Paz Vivo!.
A lo largo de casi dos décadas, vio pasar a numerosas maestras y directivas, tejiendo con cada una de ellas un vínculo de respeto y afecto cotidiano. Para Totó, el gesto de cuidar al equipo docente iba más allá de sus tareas habituales: preparar el café matutino para las seños de primaria o el mate para las de jardín se convirtió en un ritual infaltable para arrancar la jornada.

El portón, las vinchas y una marca registrada de alegría
Si hay un elemento que caracterizó el paso de Totó por el colegio fue su particular forma de recibir a los chicos cada mañana. Cuando se habilitó el portón exclusivo para primaria y jardín, le pidieron que se encargara del ingreso. Fue allí donde nació la tradición de los sombreros y las vinchas de colores.
«Ahí empecé a ponerme gorras, vinchas, collares, sombreros medios locos… Y como les gustó a todos, lo seguí haciendo. Para el Mundial me ponía una peluca con los colores de la bandera argentina. Siempre traté de que fuera así, recibirlos con alegría», relata.
Esa espontaneidad y libertad para ser ella misma —con la misma calidez con la que se desenvuelve como catequista en la capilla San Francisco o en su vida cotidiana— marcó a varias generaciones. Alumnos a los que conoció en salita de cinco hoy cursan los últimos años del secundario y guardan el mismo recuerdo entrañable de sus recibimientos en la puerta.
Reconocimiento y el afecto de toda una comunidad
Su dedicación y cercanía con la comunidad no pasaron desapercibidas en la ciudad. Años atrás, Totó recibió una mención por parte de la Municipalidad de Villa Carlos Paz en el marco del Día de la Mujer, impulsada por el afecto y la valoración de sus compañeras de trabajo.
Los festejos de despedida, que comenzaron antes del receso invernal, mostraron la huella imborrable que deja en la institución: cartas, dibujos, afiches, chocolates y el afecto de los alumnos de sexto grado que se resistían a despedirla tan pronto.

Uno de los momentos más emocionantes llegó con el regalo organizado entre todas las familias de ambos turnos de la escuela: una valija que contenía un viaje a Mendoza para dos personas, financiado colectivamente entre los padres de la comunidad en señal de agradecimiento por su entrega.
El cierre de su último día de trabajo estuvo a la altura de su alegría habitual: a la salida la esperaban sus dos hijas y su nieto más chico con carteles y espuma loca para celebrar el inicio de una nueva etapa.

Un legado de felicidad y libertad
Al hacer un balance de estos 17 años de labor cotidiana, la emoción y la gratitud prevalecen sobre cualquier cansancio acumulado:
«Fui muy feliz en esa escuela. Lo mejor de todo es que pude ser yo; me dejaron ser tal cual soy. Si tuviera que volver a hacerlo, lo seguiría haciendo porque me encanta», reflexiona Totó.
Antonia se jubila dejando una marca imborrable en los pasillos, el portón de entrada y, sobre todo, en el corazón de miles de niños y familias que crecieron acompañados por su sonrisa.






