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La casona del doctor Gumersindo Sayago

PhoTortul 1909
“La casona del doctor Gumersindo Sayago”
Av. Cárcano – Villa Independencia – V. C. Paz
Invierno 2020
Especiales de Hiemacar
Arquitectura Episodio #08

Episodio ocho del Rescate Patrimonial, junto a Hiemacar, en materia de recuerdos de Villa Independencia, apoyándonos en escritos y en la ‘Memoria Viva’ de vecinos.

Como salimos del viejo Almacén de la Familia Luengo, devenido en taller, cruzamos una vez más La Cárcano furiosa, yendo para el lado del río, con el recuerdo hecho imagen vívida del ‘Nenun‘ lamiendo una galletita… y devolviéndola a la lata.
Como en Macondo, ya lo dijimos.

Dejamos la despensa y vamos hacia lo de un Doctor.

Villa Independencia era conocida, allá por mediados del Siglo XX, como La Villa de los Doctores, habida cuenta la cantidad de médicos y abogados de prestigio que por allí vivían de manera semi permanente.

Ya pasó Malamud en este dossier… ya pasó Custodio Maturana en ‘La Fermina’… y ahora le toca a un célebre médico cuyo nombre nos suena mucho, por ser el del Hospital Municipal (de alcance regional) de Carlos Paz: Gumersindo Sayago.

Según el recopilador de historias Eldor ‘Piti’ Bertorello y autor del Libro sobre el Doctor Conde (que fue su alumno), Sayago fue un Médico Tisiólogo prestigioso, famoso por su saber y su enseñar. Fue profesor universitario y conferencista internacional sobre el flagelo de ‘La Tuberculosis’, que hacía estragos en la primera mitad del Siglo XX.

Era santiagueño de nacimiento, y se dice que influenció a Manuel De Falla para que se mudara a Alta Gracia, para curar su mal.

Agrega Piti Bertorello que Don Gumersindo era amante de los caballos, acostumbrado a las cabalgatas, y la paradoja fatal fue que uno de sus hijos murió en Villa Independencia por una patada de un equino chúcaro.

En lo personal, recuerdo a la profesora Edith Manera, también vecina y que será motivo de un próximo posteo al llegar a su Casita de calle Las Verbenas, cuando me contó, ante mi cámara de video, como era Sayago y que cosas hacía… desde sus recuerdos de juvenilia:

“Sayago era morochón, robusto, medio retacón, de tez morena como buen santiagueño. No tenía canas a pesar de sus años. Lo que me acuerdo, era que se bañaba desnudo, en un pozo del río detras de su casa… aún en días muy frios… y nosotros lo espiábamos”.

Fayelo De Simone, también en video, allá por 1992, nos contaba a la cámara de EncuentroS que Sayago prefería pasar días enteros aquí antes que en Córdoba por una sencilla razón:

No había teléfono.

Y cuenta que Sayago decía:

“En esta Villa nadie me encuentra… esta es Mi Independencia”.

Y se iba a cabalgar o a buscar higos a la quebrada que, justamente, se llama ‘Quebrada de las Higueras” y que tiene la vertiente que llena de agua la calle Verbenas en verano, ahora acanalada.

Alejandra Elena, sobrina nieta de Custodio y Fernina Maturana, vecinos de Sayago, me manda sus recuerdos por wasapp:

“Mis padres me contaban que antes de la ruta y cuando no existía Playas de Oro, bajaban los pumas al río y mi padre con sus amigos hacían tiro al blanco a la costa de enfrente, ya que no había gente.

Yo viví la época en que no existía el balneario, imagínate que la vista del fondo de la casa era todo campo y sierras, un verdadero paraíso, nos costó mucho adaptarnos al griterío del balneario y yo nunca me acostumbré.

Esto nos llevó a dejar de ir al río que había sido la extensión de nuestra casa y la de los vecinos hasta esa época. Uno lo sentía como propio.

Recuerdo que nos juntábamos en el ‘Pocito de Sayago‘, así le decíamos porque era el único lugar que era hondo y los chicos se tiraban de cabeza de la piedra alta.

Las familias de la villa, nos conocíamos todos, los Lafarge, Los Braconi, los De Simone

Las crecientes del río eran habituales, con las sirenas avisando que se venía. Todos nos juntábamos en la galería de atrás para ver cuan grande era… hasta que escalón llegaba.

Lo que recuerdo es que después de la creciente había que esperar 2 o 3 días hasta poder volver a ir al río”.

 

 

Le pido a Alejandra que se centre en la casa que me ocupa hoy:

“De La Casona de Sayago, apenas a metros de la nuestra, diré que era imponente.
Recuerdo a Chuli, su Hija, pero muy poco.

Lo que más me impactó, y ahora a la distancia la evoco, era una bañera antigua con patas que tenían en el jardín y que la habían trasformado en sillón, si mal no recuerdo, con almohadones rojos, muy de avanzada para la época.

La casa tenía una hermosa vista al río y las montañas.

Luego la casa se vendió, fue modernizada y construyeron esa gran pileta en el frente, pero eso ya me parece muy actual”.

El memorioso Doctor Sosa recuerda algo también:

“Sólo conocí a Sayago de vista, y de verlo en Córdoba cuando tenía su consultorio en la calle Fragueiro. Era morocho y medio gordito. La casa hoy, ya no tiene nada de la original desde mi punto de vista y de lo que yo recuerdo de la vieja Villa Independencia.La modificaron en parte cuando pusieron allí una casa de comidas. Recuerdo cuando fui una noche a cenar en un gran salón”.

Es invierno y estoy parado frente a la Casona para esta foto. No me da ganas de molestar a ningún amigo arquitecto para describirla, por todo lo ya expuesto. Esta en perfecto estado de conservación pero muy modernizada con esas tejas francesas en sus múltiples aguas y ese revestimiento de ladrillo a la vista, con sus arcos y sus formas que se supone respetaron algo de la fachada original.

Lo que sí recuerdo, es haber laburado allí con mi filmadora, en mi época de socialero, en alguna boda o cumpleaños,  cuando el salón de fiestas se llamaba Covadonga y era atendido por una dama española que era todo un personaje.

De los tiempos de Sayago, poco queda a la vista. El progreso y la modernidad esconden mil historias.

Por lo pronto, ya no me quedan edificios por reseñar sobre la ruta… y será menester que me acompañen a trepar por la calle Las Verbenas para ir por más.

Porque quedan muchas casonas mas por rescatar… y el Hotel.

¿Me acompañan?!?

#GumersindoSayago

#HiemacarTomaOcho

 #PatrimonioArquitectónico