El actor visitó una escuela de la ciudad y narró sin tapujos cómo fue su vida durante los diez años que consumió diferentes tipos de estupefacientes.

Gastón Pauls estuvo el jueves por la mañana en el Ipem 338 Dr. Salvador Mazza, de barrio Marqués Anexo. La escuela está en medio de los asentamientos Ramal Sur, El Pueblito, Villa El Nylon y El Country

Allí, el actor contó a los alumnos, docentes y padres anfitriones el sufrimiento que le significó la adicción a sustancias por dos décadas, según el relato de La Voz.

También participaron de la actividad estudiantes y maestros del Ipem 8 “Manuel Reyes Reyna” y del Ipem 20 “Rodolfo Walsh”.

Testimonio

“Empecé a consumir a los 15 años. A esa edad era muy tímido, me costaba hablar y compartir con mis amigos, con mis maestras, con mis padres lo que sentía, lo que me pasaba. No encontraba la manera de contarles el miedo que me daba vivir en un mundo en el que veía tantas cosas espantosas”, comenzó la charla el actor y productor de cine y televisión nacido en Buenos Aires, el 17 de enero de 1972.

El alcohol fue la puerta de entrada al calvario, según señaló y continuó con el consumo de marihuana. Le siguieron –dijo– el de cocaína y otras sustancias tóxicas.

“La droga te hace creer que sos Dios, que te ayuda a alejarte de lo malo, que te hace un tipo fuerte. Es todo mentira. En realidad, es un camino que te lleva a sólo tres lugares posibles: al hospital, a la cárcel o al cementerio”, aseguró.

“Así, terminé un día donde terminamos todos los que pasamos alguna vez por esto: encerrado en mi dormitorio, solo, con la puerta trabada y la luz apagada, paranoico, sin tener a nadie con quien hablar, sintiendo que la muerte vendría a buscarme en cualquier momento”, relató.

“No quiero volver nunca a ese lugar. La cocaína no te deja dormir ni soñar. Te quita la libertad porque te necesita esclavo. Por eso estoy acá”, planteó.

Tomar conciencia de lo que le pasaba, asumir su situación y aceptar que solo no podía con el problema, lo ayudaron a “volver a la vida, conservar a la compañera que amo” y ver crecer a sus hijos de 10 y siete años.

Pudo pedir ayuda tras sufrir otro momento de desesperación y agobio, en diciembre de 2007.

Poco después ingresó a Narcóticos Anónimos, para comenzar su rehabilitación.

Por la tarde, Pauls replicó la charla en la iglesia Misión Ágape a la Naciones, de Villa El Libertador.

Ambos conversatorios estuvieron organizados por la Defensoría de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Provincia de Córdoba.

Foto: LaVoz