La mujer, identificada como Carla, rompió el silencio en televisión y describió un oscuro entramado que funcionaba en el local clausurado. Denunció la presencia de menores de edad, venta de cocaína, adulteración de bebidas a los clientes y supuestos pagos para eludir los controles.
El trasfondo del femicidio de Agostina Vega sumó en las últimas horas un testimonio directo y demoledor que pone bajo una lupa mucho más estricta el funcionamiento de «Wachitas Bar», el local nocturno clausurado que se encuentra en el centro de la investigación judicial.
En una entrevista exclusiva brindada a El Show del Lagarto, una ex trabajadora sexual del establecimiento, identificada como Carla, rompió el silencio para detallar cómo operaba el lugar por dentro y cuál era el rol de Soledad Andreani, una de las principales detenidas en la causa por el crimen de la joven.
El negocio del «50 y 50» y el manejo del lugar
Carla relató que llegó al establecimiento a través de un conocido que era su pareja en ese momento, sabiendo de antemano que se trataba de un espacio de trabajo sexual. Según su testimonio, una vez allí, entabló relación con Andreani, quien le ofreció realizar lo que internamente denominaban «salidas».
Respecto de la división del dinero recaudado, la testigo fue contundente sobre la explotación económica: “Esto era un 50 y 50. Un servicio de 5 mil pesos en aquel momento, yo me quedaba con la mitad y la mitad iba para ella (Soledad Andreani)”.
Asimismo, describió el entorno físico y ambiental del bar como un escenario deplorable: «El lugar era asqueroso, un lugar donde vas a encontrar drogas y alcohol, música fuerte. Yo iba los fines de semana a hacer plata e irme», sostuvo. Los servicios, según precisó, se concretaban en el primer piso del bar, en una habitación que describió como «una cama de dos plazas, un baño chico y mugre y más mugre».
Las graves denuncias: Drogas y explotación de menores
El relato de la ex trabajadora avanzó sobre terreno criminal, detallando maniobras que configuran delitos graves y que complican severamente la situación de la administración del local.
Carla aseguró que en el bar se colocaban estupefacientes en los vasos de los clientes sin que estos lo supieran. “Nosotras las chicas sí sabábamos que se les iba a poner droga en las bebidas de la gente. Yo consumía drogas en ese momento y por eso me fui”, reveló.
Además sostuvo de forma directa que Soledad Andreani comercializaba cocaína dentro del propio establecimiento.
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue la confirmación de que muchas de las mujeres explotadas no alcanzaban la mayoría de edad. “Las chicas que trabajaban eran todas menores. Se aprovechaba de la situación de la gente. Todas éramos menores en ese momento, a partir de los 17 años. No recuerdo si había alguna más chica”, denunció.
Carla explicó que la selección del personal dependía exclusivamente de los criterios estéticos de Andreani (“Tenías que ser linda, si eras fea no entrabas”) y que muchas de las jóvenes accedían y toleraban las condiciones y prácticas del bar empujadas por la extrema necesidad económica de llevar sustento a sus hogares.
Clientes de poder adquisitivo y «cuadernos» de registro
De acuerdo a lo expresado en la pantalla televisiva, el bar no funcionaba a ciegas. Andreani llevaba un control estricto y manuscrito de cada uno de los movimientos económicos y de los servicios que realizaban las mujeres.
“Ella tenía cuadernos donde anotaba las salidas de cada chica. Esos cuadernos deben estar ahí, en ese nido de ratas”.
Al ser consultada sobre el perfil de las personas que concurrían a «Wachitas Bar», la testigo descartó que se tratara de un público joven o de bajos recursos. Indicó que la clientela habitual estaba conformada por «gente de filo, de plata», especificando que eran «personas grandes y con plata», en su mayoría conocidos de la propia encargada.
Clausuras sistemáticas que no frenaban el negocio
Finalmente, Carla expuso la presunta connivencia o impunidad con la que el comercio lograba mantenerse activo a pesar de las recurrentes intervenciones de las autoridades. Afirmó que el bar había sido clausurado en reiteradas oportunidades, pero que las fajas de restricción nunca fueron un impedimento definitivo.
“En estos lugares se paga y se vuelve a abrir. Cuando lo clausuraban nos íbamos y nos volvíamos a ver cuando volvían a abrir”, sentenció con naturalidad sobre el mecanismo de reapertura.
Al cerrar su declaración, la mujer manifestó que el motivo principal que la impulsó a presentarse y exponer los secretos de la organización fue el impacto y la indignación que le provocó el trágico desenlace de Agostina Vega: “Me da bronca lo que está pasando y nadie hace nada. Es triste lo que está pasando”, concluyó.





