El barro acumulado en el fondo de un lago puede funcionar como una verdadera cápsula del tiempo. Allí quedan registradas las transformaciones que atravesó un ecosistema a lo largo de décadas y, con las técnicas adecuadas, la ciencia puede reconstruir buena parte de esa historia.

Eso fue lo que hizo un equipo interdisciplinario de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) con el lago San Roque. A partir del análisis de sedimentos profundos del embalse, los investigadores lograron reconstruir más de 120 años de cambios ambientales y determinar cómo las actividades humanas fueron modificando progresivamente uno de los principales reservorios de agua de la provincia.

El estudio permitió identificar cuatro grandes etapas en la evolución del lago y establecer una relación directa entre el avance de la urbanización, los desmontes, los incendios y el ingreso de líquidos cloacales y otros nutrientes al sistema hídrico.

El trabajo fue realizado por especialistas del GeolimnoLab, perteneciente al Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (Cicterra, Conicet-UNC), junto con investigadores de áreas como Ciencias de la Tierra, Física, Geografía, Arte e Ingeniería Química.

Un libro de barro con más de un siglo de historia

Para reconstruir el pasado del San Roque, los científicos extrajeron muestras profundas de sedimentos, conocidas como “testigos”. Cada capa representa un momento diferente de la historia del embalse.

Las muestras fueron analizadas mediante distintas técnicas que permitieron determinar el tamaño y las características de los granos, la presencia de fósforo y otros componentes fisicoquímicos. También se estudiaron pigmentos fósiles asociados a algas y cianobacterias.

La datación mediante elementos radiactivos, como el plomo y el cesio, permitió establecer la antigüedad de cada estrato.

El resultado fue particularmente revelador: los sedimentos más antiguos analizados corresponden a 1898, pocos años después de la inauguración del dique San Roque.

Según los investigadores, cada capa funciona como una página de un libro ambiental. Al leerlas en conjunto, es posible observar cómo fue cambiando el lago y qué factores estuvieron detrás de esas transformaciones.

Cuatro etapas para entender la transformación del San Roque

El análisis permitió dividir la historia ambiental del embalse en cuatro períodos claramente diferenciados.

  • 1898-1953: el llenado y los efectos de la deforestación

La primera etapa se extiende desde los sedimentos más antiguos, correspondientes a 1898, hasta 1953.

Fue el período marcado por el llenado del lago y una fuerte influencia de los ríos que desembocaban en el embalse. Los sedimentos presentaban una importante proporción de partículas gruesas y medias.

Los científicos también detectaron niveles relativamente elevados de carbono orgánico, vinculados principalmente con la deforestación registrada en la cuenca.

  • 1953-1983: un lago más profundo y las primeras señales

La segunda etapa comenzó con la construcción del segundo paredón y la ampliación del dique, proceso que produjo un crecimiento significativo del volumen de agua.

Los sedimentos comenzaron a presentar características propias de ambientes lacustres más profundos y se registró una menor producción de carbono.

Pero durante este período apareció una señal que, con el paso de las décadas, se volvería cada vez más preocupante: las primeras floraciones de cianobacterias.

  • 1983-2005: la aceleración de la contaminación

El tercer período constituye uno de los puntos de inflexión de la historia ambiental del San Roque.

Entre 1983 y 2005, los investigadores detectaron un incremento significativo del carbono orgánico total y de los pigmentos relacionados con organismos acuáticos.

El cambio coincidió con una fuerte expansión de la urbanización en la cuenca.

Los desmontes, los incendios, el crecimiento de barrios residenciales y turísticos y la falta de un adecuado tratamiento de líquidos cloacales y aguas grises fueron aumentando el ingreso de materia orgánica y nutrientes a los cursos de agua que alimentan el embalse.

Para Joaquín Deon, integrante del equipo e investigador del Departamento de Geografía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC, ese proceso dejó una marca permanente en el territorio.

El investigador explicó que los cambios en el uso del suelo y la expansión urbana quedaron registrados en los sedimentos del lago, generando una evidencia geológica del impacto de la actividad humana.

Ese período también permite comprender el concepto de Antropoceno, utilizado para describir una etapa en la que las actividades humanas tienen una influencia determinante sobre los sistemas naturales.

En el San Roque, los científicos encontraron una expresión concreta de ese fenómeno.

El avance de la urbanización, los incendios, los desmontes y la descarga de aguas contaminadas modificaron tanto el territorio como la calidad del agua. Esas transformaciones quedaron literalmente enterradas en el fondo del embalse.

“Los cambios en el uso de la tierra conformaron la muerte del embalse San Roque”, plantea Deon al sintetizar los resultados del trabajo.

Para reconstruir ese proceso, el equipo no se limitó al análisis de los sedimentos. También utilizó mapas, fotografías aéreas, imágenes satelitales y entrevistas con funcionarios y distintos actores vinculados con la zona.

De esta manera, los científicos combinaron información ambiental y social para observar cómo avanzó la mancha urbana y cómo ese crecimiento estuvo relacionado con el deterioro del lago.

  • 2006 hasta la actualidad

La cuarta etapa llega hasta el presente y muestra la profundización del proceso iniciado décadas atrás.

El San Roque alcanzó un estado de hipereutrofización, caracterizado por una elevada concentración de nutrientes y una proliferación masiva de algas y cianobacterias.

Uno de los elementos centrales detectados por los investigadores es el fósforo acumulado en los sedimentos. En determinadas condiciones, ese nutriente puede liberarse nuevamente al agua y alimentar el crecimiento de las algas.

El resultado es el escenario que actualmente puede observarse en el embalse: grandes floraciones de algas y una presencia significativa de cianobacterias potencialmente nocivas para la salud humana.

Los testigos de sedimentos analizados muestran, según el estudio, un ingreso continuo de nutrientes asociado con las actividades humanas desarrolladas en la cuenca.

Un problema que excede al lago

El deterioro del San Roque no constituye solamente un problema ambiental. El embalse tiene una importancia estratégica para Córdoba y forma parte del sistema que abastece de agua a una porción significativa de la población.

Por eso, los resultados del estudio también funcionan como una advertencia sobre las consecuencias de décadas de crecimiento urbano sin una planificación suficiente de las condiciones ambientales de la cuenca.

Los investigadores remarcan que el análisis del pasado permite comprender el origen del problema actual, pero también aporta información para pensar políticas de recuperación y prevención.

La contaminación del lago, sostienen, no apareció de un día para otro: fue acumulándose durante generaciones y quedó registrada capa por capa en el fondo del embalse.

La ciencia busca nuevas formas de recuperar el San Roque

El estudio de los sedimentos no es la única línea de investigación que actualmente busca soluciones para el deterioro del lago.

Otros equipos de la UNC trabajan en proyectos que combinan imágenes satelitales, nanotecnología y economía circular para enfrentar la proliferación de algas y cianobacterias.

Una de las iniciativas apunta a utilizar imágenes obtenidas desde el espacio para identificar y mapear las zonas donde se concentran estos organismos. Otra propone aprovechar las algas extraídas del lago para generar productos y energía.

Así, mientras los sedimentos permiten reconstruir cómo se llegó al escenario actual, nuevas investigaciones buscan encontrar herramientas para modificar ese futuro.

El fondo del San Roque guarda más de 120 años de historia. Sus capas de barro muestran que la transformación del ambiente no fue repentina, sino el resultado acumulativo de las decisiones tomadas sobre la cuenca. La pregunta que queda abierta es cuánto de ese proceso todavía puede revertirse y qué medidas serán necesarias para recuperar uno de los ecosistemas hídricos más importantes de Córdoba.