Tiene 18 años, se recibió con un título internacional y hoy estudia Diseño en la Universidad Provincial de Córdoba (UPC) de Capilla del Monte. “Eligió él, y eso es lo más valioso”, afirma su madre.

La imagen de Bruno Martínez Torres acomodando sus carpetas en la mochila para salir hacia la facultad no es solo una rutina estudiantil; es un hito para la inclusión en Punilla. A sus 18 años, este joven carlospacense con síndrome de Down acaba de iniciar la carrera de Diseño en la sede regional de la Universidad Provincial de Córdoba (UPC) en Capilla del Monte, desafiando todos los diagnósticos previos.

Un camino fuera de lo convencional

El trayecto educativo de Bruno no fue lineal. Tras cursar la primaria en la escuela Bernabé Fernández de Villa Carlos Paz, su familia —encabezada por su mamá, Lucía Torres, impulsora del proyecto Albergo Ético— buscó una alternativa que potenciara sus capacidades sin techos burocráticos.

Así llegó a Royal Hollow, una “escuela sombrilla” de Estados Unidos con currícula adaptable. Esta modalidad le permitió obtener un título secundario con validez internacional, apostillado por La Haya, que hoy le abre las puertas de la educación superior en cualquier parte del mundo.

El sueño del diseño propio

Bruno ya es un emprendedor activo. Bajo su marca “Cal Mate”, diseña y pinta mates, crea bijouterie y realiza sublimaciones. Sin embargo, su verdadera pasión está en la indumentaria. “Fue su propia elección buscar la UPC en Capilla del Monte, aprovechando que la universidad está cerca de casa”, relata Lucía con orgullo en un artículo publicado por La Voz.

Una universidad que acepta el desafío

El ingreso de Bruno representa un reto compartido. La UPC lo recibió con un equipo de accesibilidad que trabaja para brindarle apoyo, aunque el joven cursa sin acompañante permanente ni las adaptaciones curriculares tradicionales de los niveles anteriores.

“Me sorprendió la accesibilidad de la facultad: ver carteles en Braille y códigos QR con lengua de señas al ingresar te emociona después de tantos años de lucha”, confiesa su mamá, quien recuerda que el camino de la educación inclusiva, que iniciaron hace 11 años, estuvo lleno de barreras y discriminación que hoy parecen empezar a quedar atrás.

Presente de estudio y trabajo

Mientras transita sus primeras clases universitarias, Bruno no descuida su faceta laboral. Sigue presente con sus ventas en el Paseo Ético El Zapato, un espacio concesionado a la Fundación UPIS, integrada por jóvenes con discapacidad.

La historia de Bruno no es solo la de un estudiante; es la punta de lanza de una generación que reclama su derecho a elegir qué quiere ser, demostrando que la discapacidad no es un límite cuando hay apoyo familiar e instituciones dispuestas a abrir sus puertas.