Un nuevo estudio científico ha puesto de manifiesto una amenaza silenciosa pero devastadora para el equilibrio ecológico del planeta: el deshielo del permafrost en el Ártico está liberando cantidades masivas de carbono que permanecieron congeladas durante milenios.

Esta investigación, liderada por el geocientífico Michael Rawlins de la Universidad de Massachusetts Amherst, revela cómo la transformación de los sistemas hídricos árticos está intensificando el cambio climático a escala global.

El análisis se basó en 44 años de datos de alta resolución obtenidos en el norte de Alaska. Los resultados son contundentes: el escurrimiento de agua está en aumento, los ríos transportan cada vez más carbono disuelto y la temporada de deshielo se está extendiendo peligrosamente más allá del otoño.

El ciclo de retroalimentación que preocupa a la ciencia

La relevancia de esta región es crítica para el clima mundial. Aunque el océano Ártico contiene solo el 1% del volumen oceánico global, sus corrientes aportan aproximadamente el 11% del agua fluvial del mundo. A medida que las temperaturas ascienden, el permafrost se debilita, permitiendo que una mayor cantidad de agua subterránea fluya hacia los ríos árticos.

Este fenómeno genera un ciclo de retroalimentación: el permafrost almacena material orgánico congelado por milenios. Al profundizarse la capa activa del suelo por el calor, este material se libera como carbono orgánico disuelto (DOC). Este carbono llega finalmente al océano, donde más de 275 millones de toneladas se convierten anualmente en dióxido de carbono. El aumento de CO₂ en la atmósfera acelera, a su vez, el calentamiento global.

Tecnología para medir el impacto

Para alcanzar estas conclusiones, Rawlins utilizó el Permafrost Water Balance Model, una herramienta desarrollada a lo largo de 25 años que permite estimar procesos como la acumulación de nieve y el deshielo con gran precisión. En 2024, este modelo se aplicó a una superficie de 22.45 millones de kilómetros cuadrados de tierras árticas para simular el comportamiento del carbono orgánico.

La investigación identificó que el noroeste de Alaska es la zona con mayor aumento en la exportación de carbono, debido a que su terreno plano favorece la acumulación de depósitos antiguos. La liberación de este carbono ancestral podría alterar drásticamente los ecosistemas costeros y los ciclos de nutrientes en el Mar de Beaufort.

El estudio, que contó con el apoyo de la NASA y la Fundación Nacional de Ciencia de EE. UU., subraya la urgencia de profundizar en el conocimiento de cómo el carbono viaja a través de ríos y arroyos hacia el océano, un eslabón del ciclo del carbono que aún guarda incógnitas fundamentales para el futuro del clima.

Fuente: Cadena 3.