PhoTortul 1641
«Al filo de una tradición»
Barrio José Muñoz – V.C.Paz
Noviembre de 2019

Al filo de la siesta, en el otrora apacible barrio José Muñoz, los sonidos del tránsito que lo utiliza como una sucursal de la ruta para ir a Córdoba se van apagado…y por eso se destaca otro…muy especial.

El sonido de un ‘chiflo’ me suena a medieval…antiguo…evocador de sueños y leyendas.

Inmediatamente actúo como en un cuento de Borges, a lo compadrito de Balvanera, agarro mi facón, ese que conoció mil y un duelos carnales y salgo a la calle.

El joven me ve salir y en un mismo movimiento deja el silbato y se baja del rodado.
No parece asustado por mi estampa recia, cuchilla en mano, porque simplemente me dice:

-¿Afilamos?!?

-¿Por cuánto?!?, le interpelo en nuestro duelo de miradas.

-Apenas 200, jefe. O si tiene otros se los dejo a 150 cada uno.

La charla se da al costado mismo de la bici-taller en plena vereda de la calle Santa Fe…y mientras el acero y la piedra se encuentran despertando chispas que estaban escondidas hace tiempo en la hoja metálica…aburridas de esperar por salir, entre asado y asado.

-Me llamo Pablo, y soy de Carlos Paz, del Barrio Costa Azul; me cuenta ante mi curiosidad empedernida.

-Nací en Carlos Paz hace 23 años..y acá estoy; agrega.

-¿Por qué sos afilador?

-¡Porque es el oficio que me enseñó mi viejo!!!; me responde con naturalidad. Y ante mi asombro y sin que se lo pida, escarba más y más en su historia y en su artesanal oficio:

-Y mi papá lo aprendió de mi abuelo.

-O sea, tercera generación seguida de afiladores; le digo, seguro de haber encontrado el filo de su historia.

-No, cuarta generación, porque el abuelo de mi Papá también afilaba, aunque Yo no lo conocí. Y tal vez haya más y más antes. No lo sé.

Un ‘afilador’ o ‘amolador’ es un comerciante ambulante, que ofrece sus servicios de afilar cuchillos, tijeras, navajas y otros instrumentos de corte. En Occidente, ya es clásica la imagen del artesano recorriendo las calles del pueblo o la ciudad anunciando su paso con una pequeña Flauta de Pan hecha de cañas (ahora ya de plástico como la de Pablito) con su breve melodía haciendo sonar las notas de su escala tonal, de graves a agudas (y viceversa), como una escala musical.

En el pasado, los afiladores solían ser también reparadores de paraguas, objeto que hace rato, desde la era del #TodoPorDosPesos pasó a ser de descarte ante la primera rotura.

-¿Pablo, a qué objetos te le animás ?!?

-A todo lo que me den: navajas, podadoras, tijeras, cuchillas…lo que sea. Y lo hago a buen precio así que con 4 o 5 que hago en cada salida me alcanza. No es un oficio que alcance por estos tiempos pero…ayuda a sobrevivir.

La biciafiladora sigue arrancando chispas de mi facón, al ritmo de las piernas tesoneras de y de las manos certeras que apoyan la hoja acerada en la piedra esmeril que gira y gira…como la vida de Pablo…por los Barrios de la Villa.

-Es un buen cuchillo el tuyo; me dice…y le creo. Nunca me dejó sin poder atacar un matambrito al menos.

Los afiladores callejeros son parte de un oficio en extinción, como tantos otros, como el deshollinador, el canillita…el comprador de plomo y calefones…y otros más que prefiero no pensar…porque me produce algo así como… melancolía. O susto.

-¿Y por qué la tradición dice que tiene que hacerse con una bicicleta y un silbato? Tenés idea?

-La verdad que no. No lo sé. Pero la única forma de ir andando por los barrios y que te escuchen…y que te den trabajo. Tengo un circuito por la Villa que repasó cada tanto. Ya me conocen.

Hay algo de callejero…algo de nómade…algo de trotamundos en este oficio que heredó Pablo. Algo de Rolling Stone, o ‘piedra que rueda’…como la que hace girar con su tenaz pedaleo.

En algún momento pasaron a tener ‘mala prensa’ por sospechas de tener cierta libertad para fisgonear en los barrios, como se decía también de los rubios (y también ciclistas) mormones. Pero en lo personal, pienso mejor de gente que anda con un chiflo en la boca que de un rubio con broche en el pantalón y biblia norteamericana en la mano.

Me despido de Pablo a la vez que observo el filo de mi cuchillo y pienso en el asadito de próximo jueves. Le pago y nos saludamos cordialmente como dos buenos Carlospazonzos que somos.

Encara la horizontal Santa Fe, que corta (como mi cuchillo) mil calles empinadas que bajan desde el filo (justamente) de la montaña hasta la Ruta…y lo veo irse con pedaleo cadencioso…al ritmo de esa melodía dulce y medieval.

Se va Pablo, el afilador de Carlos Paz, hijo de afilador…nieto y bisnieto de afiladores…y siento que no quiero que sea el último.

#ElAfilador

#OficiosQueDesaparecen

#PersonajesDeLaVilla