A nueve meses de la muerte de Diego Pérez, la causa judicial atraviesa un nuevo compás de espera. Según denunció su madre, Margarita, el expediente permanece sin avances porque el juez de Control que debía resolver la elevación a juicio se encuentra con licencia por enfermedad y, hasta el momento, no fue reemplazado.

La mujer explicó que el fiscal ya había solicitado la elevación de la causa a juicio y que el expediente regresó desde Córdoba antes del inicio de la feria judicial. Sin embargo, adujeron que la resolución quedó pendiente en el Juzgado de Control .

«Nos dijeron que tenemos que esperar a que designen otro juez o a que el juez que tenemos se recupere. Como familia ya estamos cansados. Pasaron nueve meses y seguimos sin respuestas», expresó.

Margarita también cuestionó el funcionamiento de la Justicia en Villa Carlos Paz al señalar que existe un único juez con competencia para este tipo de resoluciones. «Nos dicen que hay otro juez, pero solo atiende los casos urgentes. Entonces, ¿la muerte de mi hijo no es urgente?», planteó con indignación.

El temor de la familia

La madre de Diego sostuvo que el principal temor de la familia es que el caso termine impune. «Hay muchos casos en Carlos Paz que nunca tuvieron una condena justa y no quiero que el de mi hijo sea uno más. Vamos a seguir golpeando puertas hasta obtener una respuesta», afirmó.

En paralelo, recordó que la defensa del imputado, Fernando Reynoso, presentó una apelación contra el pedido de elevación a juicio y también busca modificar la calificación legal. Actualmente, la causa continúa con la carátula de homicidio con dolo eventual, mientras que los abogados del acusado pretenden que sea considerada como homicidio simple.

Para la familia, mantener la figura del dolo eventual resulta clave. «Reynoso sabía en el estado en el que estaba y conocía las consecuencias que podía provocar. Era policía y sabía perfectamente lo que podía pasar», sostuvo Margarita.

Más allá de las cuestiones procesales, el testimonio estuvo atravesado por el dolor de la pérdida. «Todos los días esperamos que Diego llegue o nos mande un mensaje. Los domingos, en lugar de compartir una comida con él, tengo que ir al cementerio. Él no solo mató a Diego; destruyó una familia y dejó a una hija sin su papá», concluyó.

Mientras la causa permanece detenida a la espera de una definición judicial, la familia insiste en que el tiempo transcurrido agrava la sensación de incertidumbre y reclama que el expediente vuelva a avanzar hacia el juicio oral.