A 50 años del golpe militar, el Museo de la Memoria de La Perla se transforma de centro de exterminio en un espacio de pedagogía. Nuevos hallazgos del Equipo Argentino de Antropología Forense devuelven la identidad a trabajadores de Luz y Fuerza y cierran heridas abiertas durante décadas.

La autopista Justiniano Posse, que une Córdoba con Carlos Paz, es transitada diariamente por miles de personas que ignoran que, a pocos metros del asfalto, la tierra sigue hablando. En el predio conocido como La Loma del Torito, muy cerca del ex centro clandestino de detención La Perla, el trabajo incansable del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y la Justicia Federal ha comenzado a desenterrar una verdad que estuvo oculta por medio siglo.

El regreso de “Bocadito”

Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue el homenaje a la identidad recuperada. Recientemente se confirmó que restos hallados en las excavaciones pertenecen a un dirigente de Luz y Fuerza desaparecido en 1977.

Para Juan Carlos “Patón” Sosa, ex trabajador de EPEC y delegado gremial, la noticia es un bálsamo. Sosa, quien sobrevivió a ocho años de detención (de 1977 a 1985), recuerda a su compañero de militancia con una sonrisa: “Bocadito” Brizuela.

“Éramos carne y uña en la calle”, relata el Patón. Lo describe como un hombre grandote, de una calidad humana inmensa, que a pesar de sufrir problemas de salud, era el alma del gremio: el que hacía el café, el que limpiaba, el que siempre estaba para los demás. “Estoy feliz de que su familia haya logrado juntar sus huesitos para poder despedirlo y cerrar una herida”, afirma Sosa, conmovido al saber que la hija de su amigo, Sonia, hoy continúa el legado trabajando en la empresa.

Rehenes de la dictadura

El testimonio de Sosa arroja luz sobre la perversión del sistema de detención. Relata cómo, ante las visitas de organismos internacionales de derechos humanos, los militares trasladaban a los prisioneros entre campos de concentración (de La Ribera a La Perla y viceversa) para que no fueran detectados. “Nos usaban de rehenes para que no hiciéramos las denuncias”, recuerda.

Peregrinos de la Memoria

En el actual Museo de la Memoria, la muestra “Peregrinos” invita a reflexionar sobre la persistencia. Guadalupe Samoluk, una de las encargadas del espacio, explica que la exposición homenajea a aquellos primeros familiares que, en la oscuridad total de la dictadura, se animaron a preguntar: ¿Dónde están?.

“Visitamos estos sitios para reflexionar qué país queremos y qué es lo que nunca más queremos que ocurra”, señala Guadalupe. Destaca que la memoria es un proceso vivo y cita el caso de un vecino de Malagueño que, recién en 2014, se animó a contar lo que vio de niño en los hornos de cal de “La Ochoa”, permitiendo recuperar los cuerpos de cuatro desaparecidos.

Un delito del presente

A 50 años del inicio del horror, el mensaje en las inmediaciones de Carlos Paz es claro: la desaparición es un delito que se sigue cometiendo cada día mientras no aparezcan los cuerpos. Hoy, gracias a la ciencia forense y a la valentía de los sobrevivientes, fragmentos de esa historia vuelven a casa, permitiendo que las familias cordobesas puedan, finalmente, dar un adiós con dignidad.