Cada 7 de junio, Villa Carlos Paz recuerda con profundo orgullo y emoción a uno de sus hijos más dilectos y valientes: Francisco Tomás Luna. Conocido afectuosamente por sus familiares y amigos como «Tomasito», el suboficial de la Fuerza Aérea Argentina entregó su vida en el Atlántico Sur durante la Guerra de Malvinas en 1982, protagonizando una de las misiones más arriesgadas del glorioso e histórico Escuadrón Fénix.
A través de una precisa recopilación periodística realizada por Eldor Bertorello para el Archivo de EncuentroS, repasamos la historia de este vecino que se convirtió en leyenda.

De las calles de Carlos Paz al cielo de la Patria
«Tomasito» Luna nació en nuestra ciudad el 28 de septiembre de 1944. Cursó sus estudios primarios en la emblemática Escuela General San Martín de Villa Carlos Paz, donde forjó sus primeros lazos con la comunidad. Su vocación de servicio lo llevó a ingresar a la Escuela de Suboficiales de Aeronáutica el 27 de febrero de 1960, formando parte de la vigésimo quinta promoción.
El 20 de junio de 1961 prestó juramento de fidelidad a la bandera, egresando al año siguiente con el grado de cabo en la especialidad de operador de comunicaciones.
A lo largo de su destacada carrera, Luna prestó servicios en la II Brigada Aérea con asiento en Paraná, Entre Ríos. Su gran idoneidad y profesionalismo lo convirtieron en tripulante y operador de a bordo de diversos sistemas de armas de la Fuerza Aérea, tales como los IA-58 Huanquero, los históricos Douglas DC-3, C-47, el IA-50 Guaraní y los sofisticados Learjet, cosechando ascensos gracias a su dedicación.
El «Escuadrón Fantasma» y la trampa invisible en el Atlántico Sur
Durante el conflicto de 1982, Luna fue convocado para integrar el Escuadrón Fénix. Esta unidad, a menudo calificada como un «escuadrón fantasma», operaba de manera mixta con personal militar y civil. Su misión era de un peligro extremo: utilizaban aviones ejecutivos Learjet de uso civil (sin ningún tipo de armamento ni sistema de eyección para abandonar la nave en caso de emergencia) para realizar tareas de «diversión» y contramedidas electrónicas. Consistía en «dejarse detectar» por los radares británicos para confundir al enemigo, hacer despegar a sus aviones Sea Harrier y permitir que los cazas argentinos atacaran las posiciones inglesas.
El lunes 7 de junio de 1982 amaneció increíblemente luminoso y claro en las islas. El Learjet 35A (matrícula militar T-24), bajo el indicativo de vuelo «Nardo 1», volaba en una misión de reconocimiento fotográfico y guiado sobre el Estrecho de San Carlos, a unos 12.000 metros de altura.
09:00 hs – Contacto con el Radar Malvinas
7 de Junio de 1982
El «Nardo 1» mantiene enlace radial con el radar de Puerto Argentino. Les informan que las patrullas aéreas enemigas (aviones) están a 230 km de distancia, lo que no representaba un peligro inmediato.
09:05 hs – La amenaza del HMS Exeter
7 de Junio de 1982
Sin saberlo, el Learjet ingresa en el radio de acción de un peligro invisible: los modernos misiles guiados Sea Dart lanzados por el destructor británico HMS Exeter (D89), oculto en las aguas del estrecho.
09:07 hs – Alerta de misiles y maniobra evasiva
7 de Junio de 1982
Desde el avión acompañante (Nardo 2, piloteado por Eduardo Bianco), divisan las estelas de dos misiles enemigos orientados hacia el guía. El jefe de sección de la aeronave de Luna ordena suspender la penetración e iniciar un viraje cerrado hacia la izquierda para regresar al continente.
09:10 hs – Impacto fatal sobre Isla Borbón
7 de Junio de 1982
Uno de los misiles se pierde, pero el segundo impacta directamente en la cola del Learjet T-24. Por la radio se llega a escuchar la dramática frase: «Me dieron, no hay nada que hacer». La nave entra en tirabuzón y se estrella en la Isla Borbón, al norte de la Gran Malvina.





