La imagen que vuelve a circular por estos días no es una postal ni una anécdota exagerada. Es memoria pura. Una Estanciera casi sumergida, con el agua rozando el techo, detenida en plena calle Alem, frente a la Galería Acuario y la Clínica Conde, durante la mayor inundación que sufrió Villa Carlos Paz, aquel 6 de enero de 1992.
No se trata de una foto ajena ni prestada. Forma parte de un registro fílmico propio, testimonio directo de una ciudad desbordada, sorprendida y golpeada por la fuerza del agua. Aquella jornada dejó escenas imborrables: calles convertidas en ríos, autos flotando, vecinos evacuando con lo puesto y un silencio extraño después del rugido.
En medio de ese escenario, con Fabián Pontarelli y Diego Avilés, incluso se llegó a “navegar” la avenida Pellegrini en una lancha de los Bomberos, una imagen que resume la magnitud de lo ocurrido.
Volver a mirar estas imágenes no busca asustar ni alimentar el morbo. Busca recordar. Ese día, las compuertas del Dique San Roque no funcionaron, y la ciudad quedó expuesta a una de las pruebas más duras de su historia. Recordar que la historia también corre bajo el agua. Que la Villa que hoy se disfruta fue puesta a prueba. Y que la memoria, cuando se comparte, también cuida.
En esa tarea de preservar y poner en valor lo vivido aparece el trabajo del Grupo Encuentros, con Eldor Bertorello a la cabeza, que a través de su archivo camina la ciudad en presente, recupera su pasado y proyecta futuro. Pasado, presente y futuro, los tres tiempos que se aprendieron en la escuela, conviven en cada imagen rescatada.
Hoy, en esta carátula, no hay nostalgia ni exageración. Hay respeto por lo vivido y conciencia para lo que viene. Porque recordar la inundación de 1992 no es quedarse en el ayer: es sostener una memoria viva de Villa Carlos Paz.









