Este domingo, el amanecer cordobés no fue uno más. Una marea de ciclistas copó las inmediaciones del Kempes para darle vida a la Etapa Argentina del Tour de France. Entre el frío de la mañana y la ansiedad de la ruta, el color de las remeras oficiales le puso el sello internacional a un paisaje bien nuestro.
Desde bien temprano, las rutas hacia La Calera y el Aeropuerto se llenaron de deportistas de todo el país y el exterior. Lo que más llamó la atención fue el despliegue de las casacas amarillas y blancas que, en un pelotón interminable, salieron a desafiar el Camino del Cuadrado y las 100 Curvas.
Más de 2.500 corredores transformaron la fisonomía de la Circunvalación, regalando fotos increíbles con las Sierras Chicas de fondo. Córdoba volvió a demostrar que, cuando se trata de pasión y pedaleo, no tiene nada que envidiarle a las etapas europeas.






