En el marco del Día Mundial del Síndrome de Down, la experiencia del Albergo Ético en Villa Carlos Paz vuelve a cobrar relevancia como un modelo de inclusión laboral y desarrollo personal que dejó una huella profunda y que hoy busca consolidarse en un nuevo escenario.
La iniciativa, impulsada principalmente por Lucía Torres -mamá de Bruno- comenzó en 2017 y marcó un antes y un después en la ciudad. “Fue una experiencia increíble, no solamente para nosotros, sino para todos los jóvenes que participaron”, recordó. En aquel momento, el proyecto funcionó en el hotel El Cid como reflejo del modelo que existe en Italia. Gracias al acompañamiento de Rodrigo Serna y del sector privado, la propuesta combinaba formación laboral con desarrollo de autonomía para personas con discapacidad, muchos de los cuales tienen Síndrome de Down.
El impacto fue contundente: de los 15 jóvenes que formaron parte del programa, cerca del 80% logró independencia, desarrolló emprendimientos propios, formó parejas o continuó estudios superiores. “Ese era nuestro objetivo principal: que cada uno pudiera realizarse como persona”, explicó Torres.
Un antes y un después
En el hotel El Cid funcionaron seis meses y lograron el permiso para extenderse seis meses más. Luego, alquilaron un hostel para tener un espacio propio. Sin embargo, la pandemia marcó un punto de inflexión. El cierre del espacio físico en Carlos Paz no significó el final del proyecto, sino una transformación. “El espíritu del Albergo Ético sigue siempre vivo, sobre todo por los resultados que dejó”, aseguró.
Hoy, la iniciativa encontró un nuevo hogar en Capilla del Monte, donde desde enero de 2024 funciona en un predio recuperado (El Zapato) con apoyo del municipio local, gracias al apoyo del por entonces intendente Fabricio Díaz. Allí, el desafío es replicar el modelo en un contexto económico y turístico más complejo.
Actualmente, el espacio emplea a 10 personas con discapacidad, ampliando incluso el alcance original: además de jóvenes con síndrome de Down, se incorporaron personas con discapacidad motriz, lo que implicó adaptar la infraestructura con rampas y sanitarios accesibles. “El trabajo es una excusa para generar autonomía, pero también es imprescindible: sin un ingreso real no hay independencia total”, subrayó Torres.
El proyecto también apunta a un objetivo ambicioso: lograr la accesibilidad total de uno de los principales atractivos turísticos de la zona, el emblemático El Zapato, para que todas las personas puedan disfrutarlo sin barreras.
En este 21 de marzo, el mensaje de Torres es claro y esperanzador. “Quienes tienen Síndrome de Down no tienen límites ni techo. Somos los adultos quienes debemos brindarles las herramientas para que logren todo lo que quieran”, afirmó, y puso como ejemplo a Bruno, su hijo, que este año comenzará a estudiar en la universidad Diseño.
La historia del Albergo Ético no solo refleja una experiencia de inclusión, sino también una demostración concreta de que, con oportunidades reales, la autonomía y la igualdad son posibles.








