En barrio Santa Rita de Villa Carlos Paz, un grupo de vecinos decidió transformar los residuos orgánicos cotidianos en una oportunidad para generar conciencia ambiental, fortalecer el trabajo comunitario y reducir el impacto de la basura en la ciudad.
El proyecto, llamado “Residuos que nutren”, funciona desde hace más de un año y reúne a ocho familias de calle Bécquer que separan en sus casas los restos orgánicos de la cocina para convertirlos en compost mediante lombrices californianas. El proceso se realiza en la vivienda de Pablo Pereyra, uno de los impulsores de la iniciativa.
La experiencia surgió a partir de un trabajo de estudio vinculado a la gestión ambiental. “No había métricas locales que permitieran dimensionar cuánto residuo orgánico genera cada familia. Entonces decidimos empezar a medirlo nosotros mismos”, explicó Pablo, médico veterinario y consultor ambiental al programa A la Mañana Noticias de Canal 2 CPTV.
Cada familia separa en su hogar cáscaras de frutas y verduras, restos de yerba, huevos o residuos vegetales crudos. Ese material es llevado periódicamente al espacio donde se realiza el proceso de lombricompostaje, una técnica que transforma los residuos en abono natural de alta calidad.
Según detalló el impulsor del proyecto, durante el primer año lograron procesar más de 50 kilos de residuos orgánicos, que fueron convertidos en compost. El material obtenido se intercambia con un vivero de la Fundación La Morera, que entrega plantines para las familias participantes.
De esta manera, los vecinos reciben verduras y aromáticas para sus propias huertas, generando un círculo virtuoso de producción sustentable.
Triple impacto
El proyecto tiene un enfoque de triple impacto. Por un lado, promueve la participación comunitaria y la educación ambiental; por otro, reduce la cantidad de residuos que terminan en el centro ambiental; y además genera beneficios económicos indirectos al producir abono y alimentos.
“Cuando la materia orgánica se entierra junto con otros residuos produce metano, un gas de efecto invernadero muy potente. Separarla y compostarla evita ese impacto”, explicó Pablo.
Para los vecinos que participan, el cambio comenzó como un hábito nuevo, pero rápidamente se volvió parte de la rutina.
“Al principio cuesta separar los residuos, pero después de unos días lo hacés automáticamente. Te das cuenta de la cantidad de cosas que no terminan en la basura”, contó Anita, una de las integrantes del proyecto.
Gustavo, otro de los vecinos, destacó además el impacto educativo en su familia. “Tengo dos hijas chicas y ellas mismas te dicen ‘esto va acá, esto va allá’. Es una forma de enseñar desde casa”, señaló.
Los residuos orgánicos que se recolectan incluyen cáscaras de frutas, restos de verduras, yerba mate o semillas, siempre evitando alimentos cocidos. Todo ese material se transforma luego en abono natural que alimenta la huerta comunitaria.
Interés en otras localidades
La experiencia ya comenzó a despertar interés en otras localidades de la región. Según contó Pablo, vecinos de Santa Cruz del Lago, Tanti y Cabalango se comunicaron para conocer el proyecto e intentar replicarlo.
“Es algo simple que cualquiera puede hacer en su casa. Son pequeñas acciones que, si se multiplican, pueden generar un gran cambio ambiental”, sostuvo.
El objetivo ahora es que la iniciativa siga creciendo y que más vecinos se sumen a separar sus residuos para reducir la basura y mejorar el cuidado del ambiente en la ciudad.
Fotos: Luis Tórtolo







