A los 95 años, falleció uno de los intérpretes más respetados de la historia del cine. Ganador del Oscar por “Gracias a la vida”, dejó su huella imborrable en clásicos como “El Padrino” y “Apocalypse Now”. Se va el hombre que hizo del papel secundario un arte principal.
El cine está de luto. Robert Duvall, el actor que fue capaz de encarnar la frialdad estratégica de un consigliere de la mafia y la locura bélica de un coronel que amaba el olor del napalm por la mañana, falleció este lunes a los 95 años. Su muerte marca el fin de una era para la actuación de carácter, aquella que no necesitaba de estridencias para dominar la pantalla.
Duvall no era solo un actor; era una institución. A diferencia de otros contemporáneos, su fama no se construyó sobre el carisma de galán, sino sobre una capacidad camaleónica para desaparecer dentro de sus personajes.
El rostro de los grandes clásicos
Su carrera despegó definitivamente de la mano de Francis Ford Coppola. Como Tom Hagen en El Padrino (1972) y El Padrino II, Duvall ofreció una lección de contención: era el único miembro no siciliano de la familia Corleone, la voz de la razón en medio de la sangre.
Pocos años después, en Apocalypse Now (1979), regaló una de las escenas más icónicas de la historia del cine. Su interpretación del Teniente Coronel Bill Kilgore, surfeando en medio de un bombardeo, le valió una nominación al Oscar y una frase que quedó grabada en el ADN de la cultura pop: “Amo el olor del napalm por la mañana”.
Aunque acumuló siete nominaciones al Oscar a lo largo de su vida, la estatuilla dorada le llegó en 1984 por su papel en Gracias a la vida (Tender Mercies). Allí interpretó a Mac Sledge, un cantante de música country alcohólico en busca de redención. Fue el papel que mejor resumió su estilo: austero, profundo y profundamente humano.





