El inicio del 2026 encontró a Córdoba y a Villa Carlos Paz atravesadas por eventos meteorológicos extremos, con una ola de calor oficialmente declarada, lluvias intensas, fuertes ráfagas de viento y episodios de granizo. Así lo explicó el ingeniero Marcelo García, integrante del proyecto MATTEO, en diálogo con el programa A la mañana noticias de CPTV.

Según detalló el especialista, ya se cumplieron los criterios técnicos para declarar una ola de calor, que no solo contempla temperaturas máximas elevadas durante el día, sino también mínimas altas durante la noche, sin alivio térmico. “Para que se configure una ola de calor deben registrarse al menos tres días consecutivos con máximas superiores a los 33 grados y mínimas por encima de los 19 grados, valores que corresponden a la ciudad de Córdoba y que en este período también se alcanzaron en Carlos Paz”, explicó.

García advirtió que estos episodios dejaron de ser excepcionales. “Hace quince años teníamos una sola ola de calor por verano. Hoy pasamos a tener entre tres y cinco, y además son más largas, más intensas y más frecuentes”, sostuvo, vinculando este fenómeno al avance del cambio climático.

Riesgos para la salud y cuidados necesarios

En este contexto, el ingeniero remarcó la necesidad de extremar los cuidados, especialmente en los sectores más vulnerables. “Adultos mayores y niños pequeños deben mantenerse bien hidratados, controlar la temperatura corporal y, en el caso de las personas mayores, es fundamental el acompañamiento y no dejarlos solos durante estos días”, señaló.

El escenario se completa con tormentas severas y vientos de gran intensidad. García mencionó ráfagas que superaron los 90 km/h, como las registradas en la ruta 9 norte, y subrayó la necesidad de repensar la infraestructura urbana. “Hoy debemos diseñar obras preparadas para vientos mucho más fuertes que los previstos décadas atrás. Eso forma parte de las medidas estructurales que hay que tomar”, explicó.

Alertas tempranas y una tendencia que se consolida

Además de las obras, el especialista destacó la importancia de avanzar en medidas no estructurales, como la mejora de los sistemas de pronóstico y alerta temprana. En ese sentido, adelantó que se trabaja en cooperación con Japón para lograr pronósticos más precisos que permitan anticiparse mejor a estos fenómenos.

Las advertencias coinciden con un reciente informe del CIPPEC, que analizó la evolución de las olas de calor en ciudades argentinas. El estudio confirma que, desde la década del 60 hasta la actualidad, los días en ola de calor se cuadruplicaron en el país, con un crecimiento particularmente marcado a partir de 2010.

El documento también pone el foco en el aumento de las temperaturas mínimas extremas, un factor clave ya que las noches cálidas reducen la capacidad de recuperación del organismo y agravan el impacto del calor sobre la salud, especialmente en personas mayores y en quienes padecen enfermedades cardiovasculares o respiratorias.

En el caso de Córdoba, el informe indica que en los últimos veranos se registró una de las mayores concentraciones de olas de calor, con períodos cada vez más persistentes y récords tanto de temperaturas diurnas como nocturnas. Una particularidad es que muchos de estos eventos se concentran en diciembre, anticipando escenarios de riesgo incluso antes del pleno verano.

Esto no es una sucesión de hechos aislados, sino una nueva normalidad climática”, advirtió García. Los datos científicos y la experiencia reciente confirman que los extremos térmicos llegaron para quedarse, planteando un desafío urgente en términos de prevención, planificación urbana y cuidado de la salud frente a veranos cada vez más exigentes.