Touba Niang, el boxeador senegalés conocido como “La Bamba Negra”, construye su camino en el profesionalismo argentino con una historia tan potente como su pegada. Llegó al país en 2015, con apenas 15 años y sin hablar español, y hoy, a los 24, está invicto tras diez peleas, siete ganadas por nocaut, en la categoría superwelter.
Vendedor ambulante en Quilmes y parte de una familia de 33 hermanos, su vida combina trabajo callejero, entrenamientos diarios y un sueño grande: ser campeón del mundo. Cada vez que sube al ring, la comunidad senegalesa y amigos argentinos arman una fiesta de banderas y tambores, donde el boxeo se mezcla con identidad y pertenencia.
Empezó a boxear en 2021 casi de casualidad, en el club El Porvenir, y desde entonces entrena todos los días después de trabajar. Afuera del cuadrilátero es humilde, respetuoso y querido; adentro, explosivo y decidido, con un estilo que busca definir antes del límite.
Aun así, su relación con el deporte está atravesada por una sensibilidad poco común: asegura que no le gusta lastimar a nadie y que el gimnasio es el lugar donde encuentra equilibrio emocional. Incluso organizó una colecta para ayudar a un rival que resultó al que le partió el maxilar en una pelea, dejando en claro que, por encima del combate, están los valores.
Su historia también habla de migración y responsabilidad familiar. Nacido en Louga, Senegal, mantiene contacto permanente con sus hermanos repartidos por el mundo y sueña con volver a ayudarlos como antes, cuando el trabajo rendía más.
Hoy sostiene su rutina entre el puesto de venta, su emprendimiento de indumentaria en Quilmes y el boxeo, sin margen para fallar. Su meta es clara: ser campeón mundial en 2026, cambiar su vida y la de los suyos, y tender una mano a quienes atraviesan las mismas dificultades que él conoció.
Con información de Tiempo ARgentino







