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Fernanda Pérez: “La novela histórica ha puesto en un lugar relevante a la mujer”

A Fernanda  Pérez le apasionan las historias de mujeres fuertes y decididas, que se animan a romper con los moldes de la época en la que vivieron, de romances contrariados e intensos, de héroes y heroínas que luchan por sus ideales hasta las últimas consecuencias.  Y para el deleite de los lectores, las cuenta a través de una prosa atractiva, ágil y entretenida, mezclando ficción y realidad, y acudiendo a diferentes contextos históricos para narrar las vidas de sus personajes.

De esa manera, desde hace un tiempo, se  ha convertido en una de las reconocidas autoras cordobesas de la novela histórica romántica, junto a Cristina Bajo, Cristina Loza, Florencia Bonelli, Viviana Rivero, entre otras.

Sus obras anteriores son Las maldecidas (El Emporio, 2012), El Sacramento (El Emporio, 2013), Los paraísos perdidos (Suma de Letras, 2016) y Cuando dejé de amarte (2018), de circulación digital y gratuita.

La piel no olvida, última novela de la escritora y periodista cordobesa, presentada ayer en Córdoba, capital, gira en torno a la relación amorosa de Dimas y Magdalena, que nace con una pasión desenfrenada y las advertencias de muchas personas a su alrededor, que anuncian que la misma no es conveniente.

Los amantes se separan en verano de 1915, tras momentos de engaño, resentimiento y dolor, pero años más tarde el destino los une en medio de los levantamientos y las revueltas obreras de los pueblos de La Forestal, al norte del país.

¿Cómo surgió esta historia de amor que tiene como marco las luchas obreras con la empresa inglesa La Forestal? Conflicto marcado por la profunda devastación socio ambiental que la firma produjo tras la explotación del quebracho colorado en el norte, y  que terminó en una de las mayores masacres de la historia argentina.

“Siempre empiezo una historia en mi cabeza a través de personajes. Comencé a trabajar sobre el personaje de Magdalena, que es muy atractivo, creo es el gran personaje de la novela, pero también es controvertido. De esos que los lectores por momentos van a amar, y por momentos  no van a comprender, la van a odiar, o bien en otros momentos, se van a solidarizar con ella. A partir de eso, construí la trama ficcional. Hace unos años escribí cuatro o cinco escenas, que me permitieron construir ahora la historia final”, contó Fernanda en entrevista con Carlos Paz Vivo!

-¿Cómo es el romance de Dimas y Magdalena?

Es un romance que tiene que ver más con la pasión, ellos se enamoran durante un verano, siendo muy jóvenes. En realidad no es como el amor de otros personajes míos que son amores más heroicos y que todo lo que les pasa los termina uniendo en lugar de separarlos. Acá no, acá realmente sucede una tragedia, que saca a relucir las partes más oscuras de ambos personajes.  Cuando se encuentran años más tarde, surge el rencor por las mentiras y los secretos del pasado. Pero hay algo de ese deseo, de esa pulsión más instintiva que está en esas pieles latiendo, y que de alguna manera vuelve a resurgir, y que los avasalla. Eso respecto a la historia romántica.

-Y en relación a lo histórico, ¿por qué pensaste en La Forestal?

-En realidad quería escribir sobre otro hecho histórico ocurrido en Chaco, pero cuando investigando supe más de la lucha de los obreros en la región, me encontré con la historia de La Forestal. Charlando con autoras amigas como Mabel Pagano y Susana Romano, me dieron algunos datos. Me encontré con el libro de Gastón Gori, que es una obra muy emblemática sobre el tema, y el material de Jasinski y otros autores, me pareció un contexto interesante, para que se reencontraran estos dos personajes, en roles muy diferentes. Dimas como un referente sindical de los trabajadores, y Magdalena como esposa de uno de los gerentes de La Forestal. Después hay otros personajes importantes que parece secundarios, pero que no lo son tanto, como Lucrecia, una joven avanzada para la época, que de alguna manera representa toda esa gran fuerza del feminismo de los años 20, una mujer que busca su lugar en el periodismo. Hay  otros personajes que también son atractivos, y que ya hay lectores que me piden una segunda parte, para seguir su  línea.

-¿Cómo se da en vos el paso de la periodista a la escritora de novelas? Si bien muchas veces un periodista es también un escritor, es necesario que ocurra algo que lo lleve a empezar a escribir ficción.

-Históricamente, hay una convivencia entre el escritor y el periodista, sobre todo de aquellos que nos dedicamos al periodismo gráfico. Creo que eso nos da un oficio de la escritura que es muy valioso cuando uno trabaja en la ficción. Los periodistas sabemos que tenemos que escribir siempre, estemos inspirados o no, con ganas o sin ganas, porque ese material tiene que ser publicado. Ese proceso de escritura, corrección, pulido y armado, es sumamente valioso a la hora de escribir ficción. Toda la formación en investigación, también es muy útil para escribir y para encarar el contexto histórico. El periodista sabe exactamente qué datos necesita para construir la historia, y dónde buscarlos.

Lo que muestra la novela histórica es que las mujeres nunca estuvimos tan calladas como a veces hemos creído.

En mi caso particular, a mí siempre me gustó escribir, y siempre me gustó la ficción. Desde chica participé en talleres literarios. Creo que lo que me pasó, es que para mi primer novela, Las Maldecidas, el proceso de investigación me llevó a viajar, a hablar con historiadores, a reconocer lugares, revisar archivos, y eso me cautivó tanto, que sentí que valía la pena publicarla. Porque a veces uno escribe, para no se anima a publicar. Publiqué mi primera vez cuando tenía 35 años, ya más madura, cuando ya estaba preparada a exponerme, con todo lo que significa que quienes te lean, ya no sean los conocidos, parientes o amigos, sino otras personas que pueden tener una opinión favorable o desfavorable.

-¿Cuáles creés son los factores del éxito de la novela histórica?, ya que es uno de los géneros más leídos en la Argentina, por mujeres, principalmente.

Es un género que funciona muy bien. Creo que los lectores siempre tenemos curiosidad sobre el pasado. Ayer hablaba con otra colega, y le decía que las novelas románticas contemporáneas no tienen tanta aceptación o venta, como las novelas históricas románticas. Hay algo en esto de poder mirar el pasado, que nos genera curiosidad. Creo que tiene que ver con el revisionismo histórico, que por un lado la iniciaron los historiadores, y la novela, lo que permite, es mirar la historia desde la cotidianeidad. Descubrimos cómo se vestía la gente, qué comía, en qué se transportaba, si las mujeres salían o no de noche, costumbres y otros tantos datos que uno desconoce. Eso enriquece mucho la historia. Yo trabajo con historiadores, que son los que te cuentan detalles de época, a los que uno no podría tener acceso de otro modo. Además, la novela histórica está muy enfocada en la mujer, cosa que no ocurría tanto con los documentos históricos, donde las mujeres hemos tenido poca presencia. Hemos estado más asociadas a la vida doméstica que a la vida pública, como si fueran dos áreas disociadas, y en realidad esto no es tan así, porque mucho de lo que ocurre en la vida doméstica, tiene su repercusión en la vida pública. La novela romántica ha puesto en un lugar relevante a la mujer, se cuenta desde la mujer, y se la pone también como sujeto de deseo y no como un objeto de deseo, pienso en las novelas que tienen una carga más erótica.

 a las escritoras del género, hasta el día de hoy nos cuesta mucho que nos hagan una entrevista en el diario o en un suplemento cultural.

-El boom de este género comenzó hace ya un tiempo…

Tuvo su momento de explosión con autoras como Cristina Bajo, Florencia Bonelli, Viviana Rivero, Cristina Loza, Gloria Casañas. Después me parece que bajó un poco, como suele ocurrir, pero los registros de ventas siguen siendo muy buenos.

-¿Por qué las mujeres  se dedican más que los hombres a este género?

En realidad siempre hubo muchas mujeres que escribieron, lo que pasa es que las estructuras machistas también existieron en el ámbito de la literatura y el arte en general,  a excepción de algunos casos de autoras que tienen más renombre. Pero a veces esta literatura no llegaba a los medios de difusión convencionales. Incluso a nosotras, hasta el día de hoy nos cuesta mucho que nos hagan una entrevista en el diario o en un suplemento cultural. Muchas veces nos llaman para hablar solo del fenómeno de la novela histórica, que está muy bien, pero rara vez nos llaman para que hablemos de nuestras obras, de nuestros procesos, de las lecturas que acompañan nuestras escrituras o de la literatura en general. Es que a veces se la considera un género menor dentro de la literatura, y creo que lo que pasó, es que con la llegada de Internet y las redes, se empezó a generar un vínculo fuerte entre los lectores del género y quienes escriben el género. Por lo tanto, muchas escritoras, como en mi caso, ya no necesitamos para llegar a los lectores, los medios tradicionales. Sino, que, a medida que nuestras obras van circulando por los grupos de lectura virtual que recomiendan y hacen reseñas, escriben y hacen entrevistas, empezamos a llegar a otros públicos a los que antes no llegábamos. Autoras hubo siempre, pero no tenían tanta visibilidad. Es más, hay autoras que hace años trabajan en el género como Isabel Lagger, Mabel Pagano, que tienen obras desde siempre, y escriben maravillosamente bien. Es cierto que también es muy fuerte el vínculo que se genera entre escritoras y lectoras de este género. Yo sigo mucho a los grupos de lectores virtuales.

las novelas románticas contemporáneas no tienen tanta aceptación o venta como las novelas históricas románticas. Hay algo en esto de poder mirar el pasado, que nos genera curiosidad.

-¿Podríamos decir que la novela histórica hace entonces su aporte significativo al feminismo?

-Creo que la novela histórica aporta al feminismo en función de la historia. Hay novelas que no aportan nada, y que además siguen proponiendo modelos patriarcales de mujer. No voy a dar el nombre, pero hubo una novela erótica que fue un boom hace unos cuantos años, y en realidad era una novela que daba cuenta del rol de la mujer sumisa. Me parece que depende de la historia. Lo que sí muestra la novela histórica es que las mujeres nunca estuvimos tan calladas como a veces hemos creído. Siempre dijimos las mujeres de antes no hablan, se aguantaban cosas, puede ser que hubiera una tolerancia mayor a ciertas situaciones. De hecho, La piel no olvida  también habla de una mujer que soportaba violencia física y simbólica, pero esto no quiere decir que estas mujeres no encontraran espacios para rebelarse contra eso. Algunas tenían más fortaleza, preparación, más capacidad que otras. Pero las mujeres siempre batallaron siempre con lo que pudieron. Rescato también mucho a las mujeres que estuvieron en su casa, porque tiene que ver con el contexto. Hay mujeres que dijeron que no a muchas cosas, que defendieron su corazón, su amor, y creo que cada una luchó como pudo. Quizás la mayor batalla feminista para el común de las mujeres en el SXVIII y XIX, fue casarse con quien ellas amaban, y no quien querían casarlas. Por otro lado, las mujeres docentes de aquella época fueron sin dudas las primeras que encontraron la forma de independizarse económicamente de los hombres y las familias, fue muy difícil para ellas también. Es interesante ver cómo fuimos transitando caminos a lo largo de la historia, y cómo fuimos encontrando diferentes lugares en la sociedad.

-¿Te imaginás escribiendo una novela sobre mujeres en un futuro, en un contexto donde los roles y las luchas de éstas hayan alcanzado otro nivel?

-Pienso que el desafío de la sociedad en general  y de la escritura–ya hay escritores que lo hacen-, es hablar de las nuevas masculinidades que se construyen en torno al feminismo. Hay un libro muy lindo de la autora islandesa Audur Ava Ólafsdóttir,  “Rosa Cándida”. Cuando leí ese libro hace unos años, me impactó por ese modelo de masculinidad que propone la obra. Me parece que ese va a ser el desafío que nos va a llevar a contar historias de amor diferentes, con códigos distintos.