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| Zito Fuentes |
La cosa es así: soy un perseverante por naturaleza. A los monos nos largan a la selva y no nos explican mucho cómo conseguir nuestro sustento diario y aprendemos a los golpes, cayéndonos de la liana y empezando de cero, todos los días, setenta y ocho mil veces. Por eso mi instinto me llevó a intentar de diversas formas acercarme al despacho del intendente. Digo instinto y debo decir también aptitudes físicas porque por mi ser monil puedo hacer cosas que los hombres no, como por ejemplo escalar edificios sin la utilización de escaleras u otros modos de ascenso que escapan a mi memoria.
La cosa es que después de pedir mil y una audiencias y de hacer “monerías” ante las cámaras del circuito cerrado del municipio para que el intendente advierta mi presencia, me di por vencido a través de las vías anteriormente dichas o antedichas, que vendría a ser lo mismo.
Entonces fue que se me ocurrió saltar por entre los muros del Palacio 16 de Julio y llegar así de manera veloz al despacho del intendente sin ser visto, por su puesto, por sus adláteres. Además del frío reinante en el día más congelante del año, mi mayor problema y escollo fue Superedil quien se cruzó ante mí en las escalinatas para imprecarme una serie de epítetos y esputarme en la cara no haberlo nombrado en mis últimas columnas (Nota del Editor: A Zito se le hizo llegar un Diccionario de la Lengua Española, última edición, por lo cual usted advertirá la utilización de nuevos vocablos no siempre de manera acertada).
Lo sorteé tan velozmente como pude y a dos metros estaba otro concejal, Nor Beat, el de la voz cantante, que me quiso convencer de que le consiguiera un lugar en el casting para Soñando por Cantar ya que soy amigo de Iúdica, con quien hicimos un programa de cable en la televisión tigrense intitulado “Iúdica y el mono Zito, un solo corazón heterogéneo y transgénico”. La cosa es que ahora no sé de qué manera me libré de Nor Beat y apareció ante mi vista la figura de Judas Ramos, a quien le debía una etiqueta de cigarrillos Jockey Club desde la época de la campaña. Judas se enervó tanto que se brotó de un sarpullido extraño dando origen a una nueva enfermedad dermatológica llamada la Piel de Judas. Ideé una manera de sobrepasarlo y le salté encima. Con el envión me colgué de una escarapela de las que está en el hall de entrada al municipio y salté al balcón para ir a dar justo al frente del despacho. Avilés salió de allí como espantado por el ruido y me dijo: “Qué hacés Zito, me asustaste. Esperame acá, ya te atiendo”. Así fue que me senté a fumar en el balcón mientras la temperatura de mi cuerpo comenzaba a descender en forma abrupta y constante. Quedé ahí hasta la noche, pernoctando en la intemperie y pensando en qué le habría ocurrido a mi amigo el intendente que me olvidó allí y me dejó encerrado afuera (cosa de locos). Sí, se fueron todos y yo quedé ahí hasta que llegó una de las chicas de la limpieza y me encontró a la mañana siguiente semicongelado con hipo y termia y muchas ganas de tomar un mate cocido. Así fue mi travesía del día más frío del año. El intendente me imputó de un par de cosas que ya dije pero me gané un mate cocido con facturas y una promesa de entrevista con él para el 21 de setiembre. Si tengo suerte, no me moriré de frío ese día.


